Predicaciones – Su Trato Íntimo Con Nosotros 3

 

Continuemos.

Una Bendición Inesperada.

Era a mediados de octubre del año 1996. Había sido un año difícil para nuestro ministerio en el aspecto económico. Aca­baba de llegar de una gloriosa cruzada en San Pedro Sula, Honduras. Estaría solo dos días en casa y en la oficina, y volvería a salir para un seminario de líderes en Medellín, Colombia. Tenía el gozo indescriptible de haber llegado de San Pedro Sula, donde en cinco días habíamos visto más de 15000 profesiones de fe, y el gozo indecible de ir a ministrar a uno de nuestros seminarios de liderazgo donde teníamos más de 2000 líderes inscritos, en preparación para la cruzada que más tarde celebraríamos allí.

Era martes por la tarde. Tenía que ir a casa y preparar otra vez la maleta para el nuevo viaje. De pronto, el gozo casi se me nubló. Hablando con nuestro administrador, Héctor Tamez hijo, me di cuenta que teníamos muchas deudas atrasa­das v el dinero no estaba fluyendo como lo necesitábamos. Me preocupé. Nos despedimos y Héctor, que ya estaba en la calle para irse, regresó hasta mi oficina y me dijo: «No quiero que te preocupes. Aquí ustedes me ensenaron que el Señor siempre provee». Aquello me taladró el corazón.

Hacía una hora que había llegado a casa. Mientras prepa­raba la maleta, sonó el teléfono. Era una extraña llamada de unas personas con quienes no hablábamos desde hacía ocho años.

—Tengo una noticia que darte. Una amiga nuestra partió hoy a la eternidad con el Señor. Nunca te conoció ni te escucho predicar, jamás recibió directamente literatura tuya, pero cuando venía a nuestra casa le dábamos a leer tu boletín mensual. Una vez la escuchamos decir: «Con hombres con esta pasión podemos ver cumplida la Gran Comisión». En enero enfermó de cáncer y no te dijo a nadie, pero hizo su testamento. Todo lo que tenía lo repartió entre dos ministe­rios y uno de ellos es la Asociación Evangelística Alberto Mottesi. No sabemos exactamente cuánto dinero esto repre­sentará, porque estos fondos están fuera de los Estados Unidos, pero creemos que puede ser alrededor de los 50000 dólares. Creo que lo recibirán dentro de tres o cuatro meses» ¡Qué respuesta y en qué momento! Era como si mi Padre Celestial volviera a decirme: «Que tonto eres, hijo mío. Te lo he probado muchas veces. Recuérdalo siempre: Yo soy el Dios que provee».

Un amigo cercano me contó lo que le acababa de suceder. Una mañana se levantó con la zozobra de que ya era el 28 del mes y todavía no había pagado el alquiler de su casa, que había vencido desde el día primero. Ese era el día de Acción de Gracias, festividad que se celebra en los Estados Unidos. En la tarde se reunió con su familia. Entre otras cosas, dieron gracias por la provisión de Dios, aun por el dinero del alquiler que faltaba. A la mañana siguiente, cuando pasó el cartero, en un sobre había un cheque de quinientos dólares. ¡Exacta­mente la cantidad que necesitaba para el pago del alquiler!

El problema, sin embargo, todavía no estaba resuelto. Aquel hombre sabía muy bien una cosa: los diezmos son de Dios. Así que volvió a orar y le dijo al Señor: «Todavía necesito 100 dólares más: 50 para el diezmo y 50 para una ofrenda especial que he prometido». Siguió abriendo el correo ¡y en otro sobre había un cheque de 100 dólares! Corrió a pagar el alquiler. El dueño de la casa, un budista japonés, le dijo: No se preocupe por el atraso, sé que usted está sirviendo a su Dios…

¡Qué ironía! Pero, ¿es que acaso no es el Dios que provee? Ahora me pregunto: si Él es el Dios que provee, ¿no tendrá el interés, el amor, la compasión de guardarnos también en sus manos de amor para que hagamos la obra?

Señor, líbranos de manipulaciones humanas para conseguir los recursos para hacer la obra que nos has encomendado. Líbranos de ansiedades y preocupaciones. Como el niño mira a la mano de su madre, te miraremos a Ti, nuestro suficiente proveedor.

¡Yo puedo hablar…!», decía la mujer sollozando a través del teléfono. La llamada había llegado a la oficina del edificio que usábamos para nuestro seminario de liderazgo en la ciudad de Medellín, Colombia, la región más violenta del mundo de acuerdo a los medios masivos de comunicación. El Valle de Aburra, donde está enclavada esta bellísima ciudad colombiana, fue durante muchos años la cuna más importante del narcotráfico y la violencia de todo el Continen­te. Habíamos tenido allí una gloriosa cruzada en el año 1987. En aquel entonces, cuando solo había una membresía de 6500 en las iglesias evangélicas, tuvimos 15200 decisiones en la cruzada pública, celebrada en el Parque de las Banderas.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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