alivio-tranquilidad-pazPredicaciones – Alivio, Tranquilidad y Paz 2

 

Continuemos.

C. Minimizás los problemas.

Muchas veces, uno termina minimizando los problemas por la angustia que genera enfrentarlos. Por ejemplo, decís: «Tengo un problemita, mi hijo se droga»; «tengo un problemita de pareja, hace diez años que no tengo sexo con mi esposa»; «mi esposo me golpea todas las noches porque viene cansadito del trabajo, ¡pobrecito!». En realidad los casos anteriores son conflictos gravísimos, pero lamentablemente muchas veces se los minimiza.

D. Falta de sabiduría: siempre hacés lo mismo.

Un experto en negociación me dijo que la mayoría de las personas siempre negocian de la misma manera. Por ejemplo, gritan, insultan y amenazan por medio de las redes sociales, a diferencia de un negociador profesional, quien tiene muchos estilos para negociar. Cuando actuás siempre de la misma manera todos los problemas crecen y se multiplican. Por eso, necesitás pedirle a Dios sabiduría para tener otras alternativas: «Señor, dame inteligencia para saber qué tengo que cambiar y cómo tengo que crecer para solucionar mi problema». Recordá que cuando uno cambia, todo termina cambiando. ¡Tenés que crecer más con sabiduría!

 

2. Tranquilidad.

La tranquilidad es un nivel de paz por el cual confiás las capacidades que Dios te dio y caminás serenamente por la vida. Jesús eligió a Judas, su mejor amigo, para que administrara sus finanzas. No obstante ese vínculo de confianza, durante los tres años y medio que Judas cumplió esa función, le robó al Señor. Jesús, lejos de padecer insomnio o sumergirse en sus preocupaciones, estaba tranquilo porque confiaba que el Padre le había dado capacidades para resolver toda dificultad en Su nombre. Del mismo modo, tenés que saber que tenés medallas de guerra porque has vencido pruebas difíciles y tenés la capacidad para resolver toda dificultad. A pesar de la deuda, del dolor y de la muerte tenés que decir: «Viví esta situación negativa, pero me vuelvo a levantar porque tengo la capacidad para tomar los sueños que Dios me ha dado».

Algo fundamental para que puedas confiar en tu propia capacidad es tener un espíritu independiente. Una persona independiente, que no depende de los demás, es un ser atractivo. La gente huye de las personas que permanentemente dependen del otro porque son potenciales pedigüeños. Sin embargo, cuando sos independiente, no solo vas a ser atractivo sino que además liberás tu potencial. Ya no esperás que te llamen o que te lleven a destino, sino que buscás hacerlo por tus propios medios. Por otra parte, desarrollás una mayor tolerancia a la frustración porque, al no esperar nada de nadie, no te desilusionás si no te llamaron o ayudaron.

Además, al ser independiente trabajás mejor en equipo porque con los demás no te volvés dependiente sino interdependiente. De este modo, cada cual cumple una función específica, porque es independiente, pero a la vez trabaja junto a los demás. Al criar a tus hijos les vas poniendo límites a los cuatro, a los seis, a los ocho y a los doce años. A medida que van creciendo, les vas dejando hacer lo que antes no les permitías porque tu objetivo es que crezcan y sean personas independientes.

Cuando sos independiente tenés tranquilidad porque confías en tu propia capacidad. Cuando, en cambio, sos dependiente, terminás sufriendo mucho. Por tal motivo, a continuación quiero compartirte algunos principios para que guardes en tu corazón:

 

A. Nunca busques que otros satisfagan tus carencias.
No busques que el otro satisfaga la carencia que tengas ya que cada vez que digas frases como: «Estoy solo, necesito que me acompañes», «mi papá no me validó, por eso necesito enamorarme de un hombre más grande que yo», vas a convertirte en un «limosnero afectivo». Si estás sola, andá al cine con una amiga, pero no intentes formar pareja para resolver tu soledad. De lo contrario, no solo vas a lidiar con tu soledad sino también con el conflicto de pareja.

 

B. No esperes nada de nadie.
Si alguien te brinda algo, tomalo como algo extra y disfrutalo. Al no poner expectativas en los demás: «Yo esperaba que me llames», «yo esperaba que me contengan», «yo esperaba que me amen», vas a ser libre de la gente. Cuando aprendas a ser independiente, vas a vivir mejor.

 

C. No busques cambiar a nadie.
No busques cambiar a tus hijos, a tu pareja o a tus compañeros de trabajo. Cuanto más lo intentes hacer más se rebelarán contra vos. Si, por ejemplo, le pedís a tu hijo que limpie su habitación, tal vez no lo haga, y si le decís que no lo haga quizás te deje la casa brillando. ¡La única persona a la que podés cambiar es a vos mismo!

(CONTINÚA…)

Por Bernardo Stamateas

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