alivio-tranquilidad-pazPredicaciones – Alivio, Tranquilidad y Paz 3

 

Continuemos.

D. No hables en nombre de otros.
Hablá solo de vos y no de otros porque Dios no te llamó a tener la bandera de nadie. Dejá de lado expresiones como: «Acá hay mucha gente que está molesta» o «muchas personas están sufriendo porque están heridas». Si, por ejemplo, te preocupa que otros sean pobres, lo mejor que podés hacer es no ser pobre ya que al contar con los recursos necesarios, los vas a poder bendecir.

 

E. No camines con gente problemática.
Cada vez que alguien se te acerque y lo único que traiga a tu vida sea problemas, ¡huí de esa persona! Toda relación que te cueste mucho obtenerla te costará mucho más mantenerla.

 

F. Nunca mires lo que hacen los demás.
Si todo el tiempo que la gente invirtió en meterse en la vida del otro lo hubiese utilizado en su propia vida, esas personas hubieran sacado la mejor versión de ellas mismas. No estés pendiente de los rumores que circulen acerca de la vida de los demás.

 

G. No veas al otro como víctima.
No permitas que nadie sienta lástima por vos ni tampoco tengas lástima por nadie: «Pobrecito, a vos no te reconocen», «nadie te valora», «¡qué doloroso debe de ser estar sola a los treinta!». Cuando sentís pena por alguien lo estás limitando. Recordá que el otro también fue hecho a imagen de Dios, y tiene poder y valor para levantarse de cualquier problema en el nombre del Señor. ¡Motivá a los demás a que vayan por más!

 

H. No esperes que nadie te venga a salvar.
Ningún príncipe azul vendrá con su carruaje real a rescatarte. No esperes que nadie venga a salvarte.

 

I. No idealices a nadie.
Es bueno que respetes y admires al otro para inspirarte. No obstante nunca idealices a nadie porque si no terminarás siendo herido en tu vida. No olvides que nadie es perfecto y que todas las personas tienen errores.

 

J. Nunca hables cuando estás enojado.
Nunca hagas o digas nada estando enojado; utilizá la sabiduría del Señor. No juzgues ni condenes a nadie. Al respecto Jesús dijo: «Con la vara que medís, serás medido». Si condenás el error del otro, alguien lo hará con vos cuando te equivoques.

 

K. Activá la ley de oro y de plata.
Diversas religiones y filósofos de todo el mundo predicaron la ley de plata: «No le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hagan a vos». Sin embargo, Jesús enseñó una ley superior, la ley de oro: «Traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes». Mientras que la primera ley es pasiva: «No hacer algo», la segunda es activa ya que implica «hacer algo». Recordá que cuando seas independiente vas a poder llevarte bien con los demás. Precisamente, Pablo decía: «Mientras dependa de ustedes, traten de estar en paz con casi todo el mundo». Quizás haya gente problemática con la que te sea difícil lidiar. No obstante, si dichas personas se cruzan de vereda, entonces estarás en óptimas condiciones para poder estar en paz con todos.

Mientras que alivio implica resolver los problemas a través de la sabiduría, tranquilad es confiar en tu capacidad porque sos independiente. ¡Sé libre de la gente! Los días son malos y el diablo está destruyendo la mente de muchos, pero hay un pueblo que se va a levantar y será libre de la gente. Lejos de competir con el otro, sabrá trabajar en equipo, será interdependiente y estará enfocado en los recursos que Dios ha puesto dentro de él.

 

3. La Paz de Dios.

En este nivel vos confiás no solo en la sabiduría sino en los recursos del Señor. La paz de Dios es un poder espiritual que viene de manera directa a tu corazón a través del Espíritu Santo. La Biblia dice: «El Dios de paz aplastará a Satanás»; es decir, la paz es además un arma, un poder de guerra para vencer. La Palabra expresa que: «Satanás vaga por la tierra porque no tiene morada fija», pero vos estás sentado con Cristo para echar raíces.

El enemigo quiere que no tengas un lugar fijo y que vayas cambiando de trabajo, de pareja y de sueños. Frente a esto tenés que asentarte y decir: «Este es mi terreno, mi llamado y mi sueño. ¡Nadie me va a sacar porque voy a pelear con la paz del Señor!». Utilizá este poder espiritual del mismo modo que lo hacía Jesús, a quien nada lo inmutaba. Por ejemplo, le dijeron: «Hijo de adulterio, bastardo», lo tildaron de hechicero, de farsante y lo condenaron por asistir a las fiestas. También lo acusaron de juntarse con mujeres que llevaban una vida escandalosa. Pese a todas las calumnias y agravios que recibió Jesús, eso no lo inmutó.

(CONTINÚA…)

Por Bernardo Stamateas

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