alivio-tranquilidad-pazPredicaciones – Alivio, Tranquilidad y Paz 4

 

Continuemos.

El libro de Colosenses dice: «La paz de Dios tiene que gobernar mi corazón». La paz tiene que ser tu árbitro. Cuando estés jugando en la vida, jugá con ella. Todo lo que hagas, hacelo con paz.

El apóstol Pablo enseñó de qué manera se puede lograr la paz de Cristo.

1. En principio, hay que presentar todo a Dios en oración. Muchas veces, no alcanzás a tener dicha paz porque le presentás al Señor solo aquello que te conviene. Sin embargo, Él quiere que le presentes todo, tanto lo bueno como lo malo. Por ejemplo: «Señor, acá están mis nietos, mi esposa, la locura de mi jefe, ese vecino que me bendijo y el lápiz para escribir estos libros». Al presentarle todo en oración Dios lo bautiza con paz y te dice: «Ahora es mío». Cuanto más le presentes al Señor, mejor: «Señor, esa persona me bendijo. Te la presento para que la bendigas también».

2.  Además, Pablo dijo: «Den gracias por lo que tienen, por la gente que los han bendecido y la paz de Dios guardará su corazón». La palabra «guardar» significa «rodear con un ejército». Dale gracias al Señor por aquellas personas que te ayudaron y agradecele por el cuerpo que te dio, tu boca, tus piernas y tus brazos. ¿Estás contento de estar vivo?

Es muy importante que le puedas presentar todo a Dios. Registrá también todos los motivos de gratitud, no solo por lo que tenés sino aun por aquello que se fue. Aunque el apóstol Pablo estaba abandonado en la cárcel escribió: «Alégrense, les insisto, alégrense. No se preocupen por nada porque si ustedes presentan todo en oración y dan gracias, la paz del Señor va a rodear como un ejército su corazón y su mente». Es lindo saber que hay un ejército de ángeles que cuidan tu corazón y tu mente, y que cuando el enemigo quiera entrar, no podrá hacerlo porque la paz de Dios es un arma de guerra.

Tenés que aprender el ciclo de la vida que está escrito en La Biblia: Batalla – Baile. Cuando David mató a Goliat se fue a bailar canciones de alabanza porque cada vez que concluye una batalla tenés que ir a bailar con El Señor. Luego de bailar, hay un momento en el que volvés a ir a la batalla, y así sucesivamente. La vida no es una lucha ni tampoco un carnaval: hay momentos de batalla y también hay momentos de baile. Cada lugar que cedés Satanás lo usa en tu contra. Tomá tu lugar de autoridad y echá raíces dando gracias al Señor. Entrá en Su paz y entregale todo a Él. Perdoná lo que haya que perdonar, cerrá lo que haya que cerrar y dejá que la paz del Señor sea tu ejército y tu árbitro.

Presentá y agradecele a Dios todo lo que puedas. Decí: «Señor, hoy te presento mi vida, mi tiempo, mis problemas, mis deudas, mi familia y mis alegrías. Te doy gracias por mi casa, por las luchas, por las victorias, por la gente que me ha levantado y por aquellos que me han motivado. Gracias por poder adorarte en libertad, por poder leer Tu Palabra y por la libertad que me has dado de servirte y adorarte».

A Cristo no le quitaron la vida sino que Él entregó Su vida, y cuando murió, el Padre dijo: «Me gustó tu entrega, por eso te voy a resucitar». La resurrección es la aceptación de que al entregar Su vida, Cristo tomó nuestro lugar. Como el Padre lo aceptó, lo levantó de los muertos como primicia de que pronto estaremos con Él en victoria. La paz del Señor te va a gobernar y si bien vas a tener problemas, necesitás saber que después de la batalla habrá baile. Cuando tenés un hijo le enseñás que confíe, pero también le hacés saber que lo cuidás y que confías en él. Lo mismo sucede con Dios: confiá en vos y en tus recursos, pero también confiá en Su sabiduría y en Sus recursos.

¿Estás con luchas? ¡Tenés que bailar! ¿Venís de bendiciones? ¡Salí a batallar! Pedile a Dios algún problema. Si un conquistador no tiene problemas, los busca porque si no se deprime. ¡Recordá que no estás rodeado de enemigos sino de un ejército de ángeles que te cuidan!

Por Bernardo Stamateas

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