Una caravana de mercaderes de camellos que atravesaba el desierto se detuvo y acampó al caer la noche. El joven encargado de cuidar a los camellos se acercó al dueño y le dijo: «Hay un problema. Tenemos veinte camellos y solo diecinueve estacas con las que atarlos». El mercader dueño del ganado le respondió: «Ata a los diecinueve camellos con las diecinueve estacas. Luego párate al lado del camello restante y simula que le pasas una soga por el cuello y la aseguras a una estaca. El camello creerá que está atado y se quedará quieto toda la noche».

El muchacho así lo hizo, y sucedió tal como el dueño le había dicho. A la mañana siguiente, el joven desató a los diecinueve camellos que estaban asegurados con una soga y una estaca al suelo, y todos lo siguieron por el camino hacia la ciudad. Todos excepto uno: el que no tenía soga ni estaca. El camello seguía creyendo que estaba atado. Así que el muchacho tuvo que ir y hacer como si lo desatara para que empezara a caminar.

¡Cuántas personas son como aquel camello! Han sido «atadas» por simuladores de amor, que las paralizaron en la vida a través de estacas de manipulación.

¿QUÉ ES LA MANIPULACIÓN?

La manipulación es el intento de control de una persona sobre otra con el propósito de que haga lo que ella desea mediante acciones de persuasión, seducción, abuso, o diferentes formas de violencia. El ser humano puede ser sujeto y objeto de la manipulación. Y alguien es víctima de la manipulación cuando por lo general se ha acostumbrado y resignado a ser controlado por otro.

Cierto pastor le expresó empatía a una mujer víctima de un esposo manipulador, diciéndole: «Sé lo que estás sufriendo, Mirta». A lo que ella contestó: «Eso no importa. Ya lo he aceptado».

Un signo evidente de que alguien se ha convertido en víctima de la manipulación es que se conforma a las situaciones dolorosas. Los sufrimientos del pasado han convencido a la persona de que es preferible soportar las punzadas de la culpa, el temor y el abuso que procurar la libertad. Así le pasó al pueblo de Israel en el desierto. Cada vez que se veían frente al desafío de hacerse cargo de sus vidas, de responsabilizarse por su futuro, preferían la esclavitud egipcia: «¿No sería mejor que volviéramos a Egipto? Y unos a otros se decían: “¡Escojamos un cabecilla que nos lleve a Egipto!”» (Números 14:3-4).

El cine y la televisión han registrado reiteradamente y con brutal realismo las matanzas de los judíos en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial ante la pasividad absoluta de las víctimas. Y uno se pregunta: ¿cómo no reaccionaban? ¿Cómo no intentaban escapar o atacar a su agresor? Si finalmente les esperaba la muerte, ¿por qué no hacer algo para intentar salvarse aunque las posibilidades fueran mínimas?

La misma pregunta se ha hecho la psicología. Y ha encontrado una respuesta aplicable no solo a extremos tan dramáticos como el de aquellos campos de concentración, sino también al hecho de por qué tanta gente asume sin una reacción sana su propia destrucción emocional, víctimas de la manipulación. La respuesta ha sido lo que Martin Seligman llamó desamparo aprendido o indefensión aprendida.

INDEFENSIÓN APRENDIDA

Seligman se preguntó qué motivaciones llevaban a las personas a reaccionar de diferentes maneras ante las adversidades que van encontrando en sus vidas. ¿Por qué mientras unas personas son capaces de enfrentarse a sus problemas por muy duros que estos sean sin derrumbarse, otras son incapaces de hacerles frente a los mismos sin hundirse por pequeños que resulten? Una de sus conclusiones fue que las personas, cuando se han visto acorraladas en situaciones altamente agresivas ante las cuales no pueden reaccionar o huir, aprenden a sentirse desamparadas y a dejar de contar en su propia valía a !n de poder escapar de los problemas que tienen que afrontar.

Es decir, uno aprende a quedarse paralizado frente a determinadas situaciones problemáticas ante las cuales parece no haber salida, aprende a ser indefenso a priori. Este desamparo aprendido está acompañado de pensamientos destructivos que finalmente determinan ciertas conductas, como la reacción de bajar los brazos y darse por vencidos, no asumir la responsabilidad de producir cambios, no contestar frente a las adversidades, ni defenderse ante las manipulaciones de otros.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Libre de la Manipulación”

Por Carlos Mraida

Lee ¡Vete! 2

Lee ¡Vete! 3

Lee ¡Vete! 4

2 Comentarios

  1. Es de gran bendición que al comenzar el día, abra mi correo y el señor use a DEVOCIONAL ORG. Para sentir que cristo Jesús está hablando a mi vida. Y que me edifica por medio de esta página. Bendiciones a ustedes. No dejen de envíarnos bendición cada día.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre