No me gustan los poemas pero este, llamado «El constructor de puentes» de Will Allen Dromgoole, me gustó tanto que lo tengo pegado en mi oficina y dice así:

Caminaba un anciano por un sendero desolado,

al caer la tarde de un día frío y nublado.

Llegó él a un barranco muy ancho y escabroso

por cuyo fondo corría un lúgubre arroyo.

Cruzó así al otro lado en la tenue luz del día,

pues aquello al anciano ningún miedo ofrecía.

Al llegar a la otra orilla construyó el hombre un puente

que hiciera más seguro atravesar la corriente.

«¡Escuche!», le dijo un viajero que pasaba por allí,

«malgasta usted su tiempo al construir un puente aquí.

Su viaje ya termina, pues ha llegado el fin del día

y ya nunca más transitará por esta vía.

Ha cruzado el barranco, dejando atrás lo más duro,

¿por qué construye un puente, estando ya tan oscuro?».

El anciano constructor levantó entonces la cabeza:

«Es que por este mismo camino», respondió con firmeza,

«noté que hace algunas horas me trataba de alcanzar

un jovencito inexperto que por acá ha de cruzar.

Este profundo barranco para mí no ha sido nada,

mas para el joven que viene será una encrucijada.

En las sombras pasará cuando llegue aquí,

es por eso que para él este puente construí».

¡Extraordinario! Qué bueno sería que podamos construir puentes para los demás. ¿Sos un puente de salvación? ¿Hubo gente que llegó al Señor por vos? ¿Les hablaste de Cristo a otros? «No, a mí me cuesta pastor». Entonces sos un muro, porque cuando sos un puente la gente cruza de un punto a otro allí donde no hay otra manera de llegar. Cada vez que establezcas un puente, la gente correrá hacia vos y por el puente, dice La Biblia, las riquezas que muchos amontonan pasarán a la mano de los justos; es decir que finanzas vendrán a tu vida. Si no vienen finanzas, tal vez sea porque no hay puentes tendidos.

Ester era una jovencita pero se postuló para ser la esposa del rey y terminó siendo la reina más importante que permitió que, hasta el día de hoy, el pueblo judío celebre su liberación. La reina Ester detuvo una posible matanza genocida de parte de los enemigos de Israel. ¿Por qué? Porque esa joven mujer construyó un puente y por el puente vienen riquezas, cargos, aumentos, promociones. Ese puente se llama palabra de sabiduría. También por el puente vienen regalos.

Leemos en Isaías que vendrán a nosotros ropa y objetos de valor. ¿Cómo rayos va a llegar todo eso? A través del puente. ¿Qué es el puente? El puente es la vía por la que viene la unción divina. Cuando Eliseo le dijo a Elías: «Maestro, dame el doble de lo que Dios te ha dado a ti», ¿por dónde pasó el manto de Elías a Eliseo? En el mundo espiritual la unción pasa por un puente, por eso tenés que aprender a construir puentes: hablar amablemente, hablar con inteligencia, estar enfocado.

Me contaron que una chica el primer día que entró en el colegio, le pegó a una y le cortó el pelo a otra. Una joven con una locura grave. Entonces la echaron y le dijeron: «No podés venir más porque si el primer día ya hiciste todo eso, un día vas a quemar todo». Al otro día llamó la mamá enojada y pidió hablar con la directora; la mujer quería descargarse. La directora, muy hábilmente, le dijo: «Cuénteme, ¿cómo está su hija?». «Yo quiero decirle algo». «No, no, no, acá lo importante es su hija». «Mi hija está muy bien». «Mire señora, esto hay que celebrarlo, qué bueno que esté contenida y haya cambiado de un día para el otro, la felicito porque acá lo más importante no es si su hija está acá o está allá, sino que esté bien». Y le cortó.

Esta directora inteligente construyó un puente porque la mujer quería pelear. Cuando a vos te meten en una pelea, te levantan un muro y Dios no te llamó para que vivas rodeado de muros; Dios te llamó para que vivas con puentes. Esta iglesia es un puente para el país, por eso la gente viene. Algunos cristianos no quieren pasar por este puente y no importa porque está hecho para que mucha gente que no conoce al Señor venga a este lugar.

Declaro sobre tu vida que construirás con sabiduría un puente para tus hijos, para compartir, para volver a reír con ellos, para volver a viajar con ellos; un puente matrimonial para que tu vida sexual sea hermosa, para que tu comunicación sea extraordinaria, para que vuelvas a enamorarte como cuando eras joven. Tendrás un puente en tu trabajo; un puente afectivo para la gente que vendrá a buscarte. Y sobre ese puente vendrán finanzas, regalos, unción, gloria del Señor. Serás un puente de salvación con afecto, con palabras de sabiduría, con palabras de inteligencia, para que mucha gente conozca al Señor y Él diga desde el cielo: «Ahí hay un profeta grande». Y para que los ángeles pregunten: «Señor, ¿qué es lo que hizo esta persona? ¿Resucitó muertos? ¿Construyó catedrales?». «No, ha construido puentes para que yo camine por ellos y bendiga a la gente». Amén.

Por Bernardo Stamateas

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