el-poder-de-honrar-a-los-demasPredicaciones – El Poder de Honrar a los Demás 4

 

Continuemos.

Cuando nosotros honramos a los padres, cuando honramos a los hijos, a los compañeros, cuando honramos a los enemigos también, hay poder; porque al que te maldiga, vos tenés que bendecirlo.
¿Por qué tenemos que bendecir? ¡No es fácil bendecir al que te insulta! Es cierto, sin embargo, yo descubrí algo: es muy difícil odiar a alguien que piensa bien de vos. A esa cuñada que te está criticando mandale un mensaje de bendición por un tercero, hacele saber que vos pensás bien de ella, y ella va a decir: «¡Qué bueno que piensa bien de mí! ¡Ya no me cae tan mal como antes!» Y es que bendecir, honrar es un poder extraordinario.

Tenemos que usar el poder de la honra (escuchar, validar, felicitar) cuando alguien te trate mal o cuando tengas un obstáculo, por ejemplo. Ponete en los zapatos del otro y preguntate: «¿Por qué esta persona está reaccionando así? ¿qué le habrá pasado? ¿será que tuvo muchos problemas? ¿será que le pasó algo feo?». Necesitamos meternos un poco para tratar de entender que lo que el otro siente lo siente por algo, y aunque nosotros no estemos de acuerdo, lo aceptamos como una medida de honra, porque la honra trae milagros. Cuando vos honrás las puertas se abren. ¿Por qué está tan bendecido este ministerio? Porque donde vamos, nosotros honramos a todo el mundo.

Cuando honramos a Dios pasan cosas milagrosas. ¡A Dios le encanta que le demos honra! La Biblia dice: «Yo honro a los que me honran». Cuando escuchamos a Dios, cuando sentimos lo que Él siente, cuando validamos su corazón y cuando le decimos palabras lindas, Dios nos da dos cosas:

 

1. Cuando Honramos a Dios, Él te da la Victoria.

Cuando honramos al Señor, Él te va a dar la victoria. Dios promete la victoria a los que honran Su nombre. Por eso, si hoy tenés que pelear contra un gigante difícil de vencer, tenés que hacer como David. Cuando David vio a Goliat no le dijo: «¿Qué te pasa, qué querés?»; no. Él dijo: «Yo vengo en el Nombre de mi Dios grande y todopoderoso. Él es el general de los ejércitos celestiales en los que yo sirvo».

¿Qué hizo David? Antes de pelear, antes de tirar la piedra, honró el nombre de Dios. ¿Y qué hizo Dios? Le dio la puntería para que con un par de piedras le pegue y caiga el gigante. Dios te va a dar la puntería, te va a dar la habilidad para que la deuda caiga, la enfermedad caiga, el problema caiga, la depresión caiga. Pero antes te tenés que animar a levantar las manos al cielo y decirle: «Señor, Tú eres el Dios grande y todopoderoso y soy parte de tu ejército. ¡Yo honro Tu nombre!». Y Dios dice: «A esa persona le tengo que entregar la cabeza de Goliat porque me ha honrado».

El gigante cayó y le cortó la cabeza, y David se llevó dos cosas: se llevó la cabeza de Goliat y se la regaló a Saúl: «Tomá, esto es para vos». Y agarró la espada y dijo: «Esto es para mí». ¿Y sabés qué hizo con esa espada? La colgó en la casa y cuando a la noche no podía dormir, abría un ojo y miraba la espada, y la espada era su trofeo de guerra que le recordaba que Dios había honrado su vida.

Dios va a honrarte delante de todos tus enemigos porque al que lo honra Dios lo honra con poder. ¿Sabés qué hizo David después? Se cansó de tener la espada en la casa, entonces se la llevó al templo y la colgó allí. Cada vez que iba a adorar a Dios, miraba y decía: «¡Ahí está la espada!». Vos tenés que traer tu espada, tu última victoria, tu trofeo de guerra, tu última medalla, y colgarla en la pared espiritual, todos los logros que has tenido, tu mejor logro, tu último logro tiene que ser un trofeo, y cada vez que vengas a la reunión, vas a mirar las paredes espirituales y vas a decir: «¡Ahí está la espada, ahí está la victoria que tuve, ahí está colgado el trofeo de guerra, porque si yo lo honro, Dios me volverá a dar otra victoria».

(CONTINÚA…)

Por Bernardo Stamateas

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