Predicaciones Cristianas – Estima Indestructible 2

 

Continuemos.

Cuando hablamos palabras de sanidad, el Espíritu Santo, sana; cuando hablamos palabras de prosperidad, prosperamos; cuando hablamos palabras de fe, el Espíritu Santo nos ministrará fe, porque las palabras mueven la unción de Dios.

Si hablo negativo, se mueve el diablo; si hablo palabras de fe, se mueve Dios.

Dios le dice a Gedeón: «Varón esforzado», porque debe ser fuerte alguien que vive siete años encerrado en una cueva; pero es que esa fuerza que poseía Gedeón estaba mal utilizada. El miedo es fe en reversa, y Gedeón se veía como pobre aunque no lo era. «Sos esforzado y valiente porque estuviste en la cueva, pasaste por pruebas, y hay que tener mucho valor para sobrevivir a eso. Hoy Dios te dice: Sal de la cueva, juntos lograremos lo que no pudiste lograr antes.

El diálogo entre Gedeón y Dios duró cinco minutos, y cerraron siete años de dolor. Si tu corazón está abierto a recibir las palabras de fe, en cinco minutos se pueden cerrar años de dolor y transformarlos en años de conquista.

 

2. La Fe te Libera del Liderazgo Ridículo.

Nos volvemos ridículos porque nos falta fe. Cuando la fe crece, nos saca de las prácticas sin sentido que, aún hoy, se practican en muchas iglesias.

Cuando Dios le impartió fe a Gedeón, éste sacó a 300 valientes que estaban con él en la cueva; porque cuando Dios levanta a uno con fe, ése influenciará a otros valientes que también estaban en una cueva.

David le tiró la piedra a Goliat y lo derribó. El ejército de Israel por 40 días había estado muerto de miedo, pero David tomó la espada y le cortó la cabeza, y cuando levantó la cabeza del gigante, todo el pueblo gritó: «Vive Jehová de Israel…», corrieron y mataron a todos los filisteos. Porque basta que uno sólo se llene de fe, para que su familia, sus amigos y compañeros también crezcan a un liderazgo basado en la fe.

Porque si no tenés la estima basada en la fe, nunca lograrás cosas grandes. Por eso, lo primero que Dios hizo a Gedeón fue darle fe, le dijo » yo estaré contigo».

¿Cómo cuidó Jesús su autoestima?  

Antes de ir a la cruz, Jesús tomó a su círculo más íntimo, Pedro, Jacobo y Juan, y los llevó consigo al monte, y les pidió que oraran por El. Jesús oró y sudaba gotas de sangre, clamó al Padre que, de ser posible, pasara de Él esa copa. Y cuando volvió donde estaban los discípulos, estaban durmiendo; les volvió a pedir que oraran por Él porque estaba muy angustiado y volvió a orar, pero cuando regresó otra vez dormían. Jesús se les acercó nuevamente y les dijo: Descansen, ya viene el que me entrega. En ese instante llegó Judas con un grupo de soldados y le dio muchos besos y abrazos, entonces Jesús les dijo: ¿Qué haces?

Lo llevaron preso y sus discípulos salieron huyendo; fue escupido, golpeado, sacrificado, crucificado, muerto, pero al tercer día resucitó, hoy está vivo y le adoramos.

 

3. En la Peor Hora de mi Vida, Siempre Estaré Solo.

La gente te va a acompañar hasta el Getsemaní, pero habrá un momento difícil de tu hora que estarás solo; en tu hora más difícil, nunca nadie te acompañará, estarás solo. Cuando dijiste: «En mi peor momento, nadie me llamó», «cuando más lo necesité, nadie estuvo conmigo»; es así, en el tramo más difícil, quedaremos solos, la gente siempre te acompañará hasta la mitad de camino.

Por eso, cuando Jesús entendió que ése era su peor momento, le dijo a los discípulos: «Descansen».

Que la gente descanse de tus expectativas; soltalos, no permitas que nadie marque tu corazón. La peor hora la pasarás solo y cuando venga la resurrección, la gloria no será de nadie sólo de Dios que te acompañó. Y cuando salgas de la prueba no digas: «Esto no fue porque alguien me ayudó sino porque Jehová estuvo conmigo».

Jesús no dejó que su corazón sea lastimado por Pedro, Jacobo y Juan; entendió que debía pasar solo, para que la gloria sea del Padre.

 

4. Siempre Habrá Gente que me va a Entregar.

Cuando Judas lo entregó, Jesús no le reprochó que por tres años lo estuvo entrenando, ni le recriminó que lo lastimara, Jesús sabía que la profecía iba a cumplirse.

Siempre habrá alguien que te traicionará, que te lastimará; aprendé la lección y no permitas que te lastimen. El Señor inmediatamente lo perdonó.

El Señor me dijo que el perdón son dos puertas: «Cada vez que perdonás, cerrás una puerta y abrís otra. Es decir, le cerrás la puerta al diablo para que no tome autoridad sobre vos y, simultáneamente, le abrís una puerta a Dios, para que extienda mesa delante de tus angustiadores».

(CONTINÚA…)

Por Bernardo Stamateas

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