¿CÓMO ENTRAR EN EL ÁMBITO DE LA REVELACIÓN Y LA MANIFESTACIÓN DE SU GLORIA?

La Escritura afirma que la tierra está llena de la gloria de Dios, pero el canal de acceso o la herramienta para verla ma­nifestada en el plano natural es la revelación, no la razón. Es cierto que la presencia de Dios está en todo lugar pero no en todo lugar se manifiesta.

Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tie­rra está llena de su gloria (Isaías 6:3)

Como vemos en el verso anterior, cuando Dios creó los cielos y la tierra los llenó con Su gloria. Sin embargo, el punto importante que deseo destacar se encuentra en el primer capí­tulo del libro de Génesis, que relata que antes que Dios iniciara la creación envió a su Espíritu Santo con el fin de que generara un campo de Su propia energía, Su gloria, para que enton­ces la creación fuera posible.

Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas (Génesis 1:2)

Cada vez que Dios va hacer algo, primero mueve Su Espíritu Santo y luego envía Su Palabra.

En el original en griego, Pablo hace referencia a la energía de Dios, que es Su gloria, y afirma: Para lo cual también trabajo (kopiáo), luchando (agonízomai) según la potencia (enérgeia) de él, la cual actúa (energéo) poderosamente (dúnamis) en mí (Colosenses 1:29)

Traducido literalmente al español moderno, lo que el apóstol nos está diciendo es que él trabaja duro, hasta el cansancio; se esfuerza como quien compite por un premio, debido a la energía o poder que Dios le da, el cual activa y opera un poder milagroso, que eleva al máximo su capacidad, potencia y potestad.

Esa energía de Dios está en la tierra, desde el principio, aunque sólo se manifiesta por medio del conocimiento revelado. Veamos un ejemplo muy sencillo: ¿Ha llegado muy cansado a un servicio en la iglesia, pero al manifestarse la presencia de Dios renovó sus fuerzas, salió reanimado y descansado? Eso se debe a que usted sintió un leve roce de la poderosa energía de Dios.

La gloria de Dios provee la energía necesaria para crear cualquier materia.

La gloria de Dios está sobre toda la tierra, desde la crea­ción, pero debido al pecado no hemos podido verla y mucho menos manejarla. Esto quiere decir que, si la gloria o energía divina está en la tierra y sirve para crear, entonces Dios puede crear un corazón nuevo, un pulmón nuevo, un oído nuevo, un ojo nuevo, un brazo nuevo, o cualquier otro órgano que haga falta. Pero esto sólo ocurre cuando el Espíritu Santo se mueve y cuando Dios habla Su Palabra. Entonces, la clave radica en sa­ber atraer la gloria de Dios a una manifestación visible dentro de la dimensión natural. Por lo demás, Dios ya habló y decretó Su voluntad desde que Jesús pagó el precio en la cruz.

La gloría de Dios sin conocimiento revelado no tiene sentido.

A continuación, veamos un testimonio de lo que sucede cuando declaramos la Palabra de Dios desde la dimensión de Su gloria. Esta es la historia de una mujer que a la edad de nueve años recibió un diagnóstico de tuberculosis pulmonar. Los médicos en aquel momento, tuvieron que removerle uno de sus pulmones a fin de detener el avance de la enfermedad. Después de eso, su respiración nunca más volvió a ser normal, ya que sólo respiraba con el pulmón que le quedaba. Al poco tiempo se restableció, pero durante los veinte años siguientes padeció de cansancio, dolor intenso y sangrado esporádico. Cuando todo parecía mejorar en su vida, a tal punto que hasta había conseguido un buen trabajo, los sangrados se hicieron más frecuentes. Los médicos que la examinaron, comprobaron que los síntomas iban de mal en peor.

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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