Dios pone en su corazón un fuerte deseo de cam­bio. No importa qué edad usted tenga, si está pre­parado para cambiar Dios pondrá un manto y una impartición nuevos sobre usted. Hay gente que an­hela vino nuevo pero no está lista para cambiar su odre, por eso Dios no puede derramarlo sobre ella.

¿Cómo se transfiere el manto y la impartición?

Dios desata el manto directamente sobre la persona. En la mayoría de casos la persona recibe una revelación, el mandato de parte de Dios, o una visitación sobrenatural, tal como sucedió con el Señor Jesús y otros hombres.

Una persona transfiere su manto a otro. Esto sucede por tres vías: ambiente, asociación e influencia. Sus bendiciones y su destino están asociados a aquellas personas con las que Dios le ha conectado.

Esa es la razón por la cual las relaciones divinas son tan peleadas por el diablo. El enemigo no pelea por pelear. Cuando Dios te conecta con alguien, Satanás hace hasta lo imposible para destruir esa relación, pues si las dos personas no se juntan el propósito no se cumple. Dios traerá relaciones para que te conectes; por tanto, hay que estar listos para dis­cernir esas relaciones. La mayoría de mis discípulos terminan siendo adoptados como hijos espirituales; en esa relación ellos capturan el espíritu del manto que está sobre mí, y aprenden la manera en que el Espíritu Santo se mueve en mí. Cuando obedecen los cuatro principios que compartí antes, muchos comienzan a moverse bajo la misma unción; sin embargo, quienes se desconectan de mi cobertura, sin la dirección de Dios, pierden la unción porque ésta funciona por ambiente, asociación e influencia. La unción que usted recibe por asociación, la pierde cuando comienza a criticar el manto que se la da.

¿Cuáles son los pasos para recibir un manto e impartición?

Sentir hambre, sed y necesidad. Aquellos que tienen un genuino deseo de portar una un­ción son los mejores candidatos para recibirla. En lo natural, guando una persona tiene hambre tiende a olvidar las normas He cortesía porque sólo busca satisfacer su hambre con gran anhelo. En el ámbito espiritual sucede lo mismo; sólo las personas con hambre y sed por la unción de Dios son candidatas a recibir un manto y una unción.

El hambre y la sed se manifiestan en un individuo cuando está consciente de su necesidad personal de recibir la unción. Si no está consciente de esa necesidad, entonces no la va a buscar con pasión, y tampoco tomará riesgo alguno para conseguirla. Sin embargo, en algunos casos, a medida que pasa el tiempo, esa pasión por la unción como que se va apagando y dejamos de estar conscientes de lo necesaria que es para nuestra vida. Y esto no debe ser así. En cierta ocasión alguien me preguntó cómo hacía yo para mantenerme sediento y hambriento del poder de Dios. Mi respuesta fue sencilla: Siempre estoy consciente de mi necesidad de Dios.

Estar preparados para pagar un precio. Uno de los grandes engaños de la gente es pensar que la unción es gratis. ¿Cómo darle algo que me ha tomado 20 años cultivar, a alguien que no está dispuesto a pagar el precio? Si no está dis­puesto al sacrificio tampoco estará dispuesto a ser perseguido por causa de ese manto. Hay un sinnúmero de predicadores que han abaratado la unción; en consecuencia, la juventud de hoy ve la carrera pastoral como una más, no como un llamado al ministerio. Por eso yo no impongo manos a la ligera, sino sólo sobre aquellas personas que realmente tienen sed y hambre del poder sobrenatural de Dios.

La imposición de manos, al transferir un manto, sirve para:

  • Activar
  • Impartir
  • Identificar

Yo no puedo activar algo en una persona si eso lo va a matar. Tampoco puedo clarificar un llamado en alguien si no quiere hacer la voluntad de Dios. No puedo impartir unción sobre aquel que no la va a usar para bendecir a otros. Mucho menos puedo imponer mis manos sobre alguien que no se identifica con la unción que está sobre mí. ¿Cuánto desea usted el manto que está sobre el hombre de Dios? ¿Cuánto ama a ese hombro? ¿Puede soportar la persecución que ese manto le traerá? ¿Está dispuesto a aguantar crítica, persecución y rechazo? Hoy en día estamos activando gente rebelde por naturaleza. Por eso es importante que el pastor sepa escoger su liderazgo a fin de poder activarlo con su manto e impartición.

La unción o manto debe ser sembrado, no tirado. Aquí es donde comienza a sembrarse la paternidad y el discipulado: enseñando, entrenando y equipando a los discí­pulos en forma continua. Si una semilla se tira se desperdicia, en cambio sí se siembra, crece y da fruto. Cuando el manto o unción se siembra, la gente comienza a fluir en el mismo man­to, porque es lo que ha recibido.

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Casado y padre de tres hijos.

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