Por ejemplo, cuando viajé a Venezuela el pueblo me recibió como un apóstol de Dios y mi mensaje como la palabra de Dios. Esto trajo como consecuencia que allí Dios obrara a través de mí, sanidades, milagros y señales extraordinarias. Sordos, ciego, mudos fueron sanados; los paralíticos fueron levantados de sus sillas de ruedas y muchas otras personas que sufrían enfermedades terminales fueron sanadas y liberadas al instante.

¡No toquen a mis ungidos! ¡No maltraten a mis profe­tas! (1 Crónicas 16:22)

En este versículo, la palabra «toquen» tiene una connotación negativa; implica ir en contra de alguien, criticarlo, maldecirlo, obstaculizar su operación o matar su influencia. Entones, tocar a un ungido de Dios es tocar a Dios mismo. No se puede tocar al ungido sin tocar el manto divino que está sobre él

Consecuencias de tocar el manto.

Aarón y María tocaron el manto de Moisés. María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado (Números 12:1)

El juicio viene a María. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?… He aquí que María estaba leprosa como la nieve (Números 12:8, 10)

El juicio viene a Aarón. Toma a Aarón y a Eleazar su hijo, y hazlos subir al monte de Hor, y desnuda a Aarón de sus vestiduras (Números 20:25-26)

Quiero ilustrar esta parte con un testimonio: En cierta oportunidad, una persona se fue de la iglesia disgustada conmigo y con el liderazgo. No conforme con eso, se tomó el trabajo de ir a linos medios de comunicación de la ciudad con el fin de difa­marme. Se unió además a otros pastores con el propósito de criticarme y juzgarme. Poco tiempo después me enteré que repentinamente, le había sobrevenido cáncer. Oré por esa persona, pero sentí en mi corazón que la razón por la que tan terrible enfermedad la había atacado repentinamente era porque había tocado el manto de Dios que está sobre mí. Así que un día le mandé decir que quería hablar con ella para que pudiera sanar su corazón, pero no quiso venir. Dos años más tarde el cáncer la mató.

Mientras escribo, el Señor pone en mi corazón que la verdad expresada en este capítulo va a salvar muchas vidas de la muerte espiritual, financiera, familiar y física; porque hay quienes han estado maltratando el manto de los ungidos de Dios sin conocer lo delicado del asunto. Si no se arrepienten vendrá juicio sobre sus vidas; en cambio, si se arrepienten Dios restaurará y recibirán los beneficios de esos mantos.

El principal enemigo de la unción.

El principal enemigo de la unción es la familiaridad; es tomar livianamente —no respetar— el manto que está sobre un hombre o mujer de Dios. La incapacidad para recibir que tienen las personas cercanas a ellos va de la mano con la familiaridad que han desarrollado hacia el siervo y hacia su unción. Comenzaron a tomar livianamente el manto; ya no se sientan a recibir o a tomar notas; ya no oyen la Palabra con reverencia, con la intención de obedecer. Comienzan a darle prioridad a otras co­sas y el estar sentados bajo ese manto ya no les trae gozo; no tienen expectativa para recibir como antes. Cuando una persona se familiariza con el hombre de Dios no podrá jalar nada de su manto.

¿Cómo ponemos demanda sobre el manto o la unción de un hombre?

La demanda se manifiesta por medio de la fe. A veces, cuan do un pastor está predicando y en medio del sermón se detiene para llamar a alguien con una condición específica —puede ser una persona enferma o deprimida— y orar por ella, es porque por fe se le puso una demanda. Algunos predicadores luchamos al mi­nistrar y enseñar por causa de la familiaridad y el conformismo. Una vez que la gente se conforma ya no ejerce la misma demanda sobre la unción del hombre de Dios; por eso ya no se manifiesta en ellos. La familiaridad produce conformismo y la falta de respeto lleva a que la gente no pueda tomar su porción de ese manto. En mi caso, hay personas que están cerca de mí, cerca del manto o de la unción de milagros, sanidades y liberación, pero prefieren ir al médico en vez de pedirme que ore por ellas. Yo creo que Dios usa los médicos y es correcto ir a ellos, sino muchos hubieran muerto; sin embargo, como creyentes, primero tenemos que ir o Dios. ¿Qué pasó? Se familiarizaron y ya no tienen fe en el poder que fluye de ese manto. Otras veces es por vergüenza o miedo que no van al hombre de Dios, lo cual también es familiaridad.

Si una persona no puede tomar de lo que hay en mi manto significa que no está lista para recibirlo.

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Casado y padre de tres hijos.

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