Después de la caída de Adán, Dios maldijo la tierra y el hombre se desconectó de la gloria. Por eso, ahora el proceso de provisión ya no es cosecha-semilla, como fue en el principio, niño que es: semilla-tiempo-cosecha.

Mientras la tierra permanezca, no cesarán la semente­ra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche (Génesis 8:22)

Hoy transitamos a través de procesos y todo toma un tiem­po. Nos la pasamos esperando para recoger una cosecha o para alcanzar una meta; esto, debido a la maldición que nos sujetó al tiempo. Por ese motivo Dios nos dio la fe, para romper la ley del tiempo. Cuando Su presencia está, todo lo natural se acelera y aparece lo sobrenatural.

He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador; y el pisador de las uvas al que lleve la simiente (Amos 9:13)

La palabra clave en este versículo es alcanzará. Dios nos está prometiendo que en el momento que usted siembre una semilla, Él desatará la casa, el trabajo o cualquier otra cosa que usted pida, creyendo que va a recibir. He visto a Dios pagar deudas en un instante. Ésa es la razón por la cual usted debe permanecer lleno de fe. Su semilla activará la promesa para que Dios obre aceleradamente. Ahora que hemos entendido la caída del hombre, pasemos a estudiar la revelación de la gloria.

¿Qué es la gloria de Dios?

En hebreo hay una palabra que define la gloria, y es kabód, que proviene de la raíz kabéd que literalmente significa peso o riqueza. Esta palabra se usaba en la antigüedad para describir a un hombre riquísimo, famoso, de gran reputación, y también para referirse a Dios. Otros significados son honor, fuerza, poder, entorno, majestad, hermosura, reconocimiento, santidad, grandeza y magnificencia. En el original griego del Nuevo Testamento la palabra que se utiliza es doxa cuyo sig­nificado apunta a la fama, reputación, abundancia, riqueza, dignidad, resplandor y honra. En suma, el significado funda­mental de la gloria, tanto en hebreo como en griego, incluye o implica todo lo que Dios es, con todos sus atributos, virtudes, carácter, naturaleza y perfección. La gloria de Dios es la esen­cia intrínseca de lo que Él es y Su misma presencia. Existe asimismo la gloria de los hombres y la gloria del mundo, las cuales son descritas en la Biblia como vanas y pasajeras; que consisten en ganar prestigio, fama, posición, comodidad, reputación y reconocimiento.

Los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida no provienen del Padre sino del mundo (1 Juan 2:16)

De igual forma, la Palabra habla de la gloria de los cuerpo« terrenales y la gloria de los cuerpos celestiales. Nos enseña que la gloria que un cuerpo refleja por fuera, muestra lo que es por dentro. Lo que se ve es el valor intrínseco del cuerpo, es decir, su esencia o valor interno.

Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terre­nales (1 Corintios 15:40)

La gloria de Dios es la manifestación visible y tangible del total de Su presencia impactando los sentidos físicos. Es Dios mismo haciéndose tangible. En el Antiguo Testamento se ma­nifestó en forma de nube, llamada shekiná que significa «aquel que habita». Esto se refiere a Dios viviendo en Su pueblo; des­cribe la inminente presencia de Dios que trasciende. Esto signi­fica que Dios se manifiesta en el ámbito físico, pasa del mundo espiritual al mundo natural. Shekiná viene de la raíz shakán que implica residir permanentemente, tenderse para descan­sar. El deseo y la voluntad de Dios siempre han sido habitar, reposar, vivir entre y con Su pueblo. Por dicho motivo Dios se muestra de forma visible y tangible. La gloria de Dios es la presencia manifestada del Dios Yahweh.

Dios se le apareció a Abraham.

El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abra­ham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán  (Hechos 7:2)

La aparición física o la visitación de la gloria de Dios fue lo que transformó a Abraham para siempre. Cambió sus motivos, sus prioridades, sus intenciones y su vida entera. Esto causó que fuera en pos de la tierra Prometida. Asimismo, hoy en día, todo aquel que experimenta una visitación de la gloria de Dios debe ser transformado para siempre. Estos son los hombres que reciben una revelación de Dios y traen la gloria a esta dimensión natural.

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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