Predicaciones Cristianas – La Ley de la Respuesta y la Ley de la Expectativa 2

 

Continuemos.

El poder de Dios siempre está presente aunque no siempre es recibido.

Podemos predicar la revelación más profunda pero nada ocurrirá mientras el pueblo no entienda que tiene que respon­der. Jesús no pudo hacer milagros en Nazaret debido a la pasi­vidad de la gente. Si donde está el Espíritu del Señor hay liber­tad, lo que detiene la respuesta de la gente es la atadura. Dios ama la espontaneidad. Si no la hay todo se vuelve mecánico. Sea libre para alabar, danzar, gritar y responder con un acto que antes no podía hacer. Usted está respondiendo a la gloria, y a la unción de Dios.

En este instante, le animo a tomar la decisión y comen­zar a hacer lo que antes no podía. Mientras lo hace, lo declaro sano, lo declaro libre, declaro que milagros creativos se están produciendo en su cuerpo, que hay manifestaciones sobrena­turales de Dios en su mente y en su corazón. Oro para que al leer este capítulo comience a reaccionar, a responder y pueda recibir su milagro ahora. Declárelo con su boca, adore a Dios y haga una acción correspondiente; luego dé gracias a Dios, en el nombre de Jesús. ¡Amén!

Quiero que su fe vaya a otro nivel. Lo invito a leer el tes­timonio que viene a continuación porque en verdad Dios está listo para sanar:

Durante un servicio de sanidad y milagros en nuestra igle­sia, vino al altar a testificar una señora dominicana que llevaba doce años en silla de ruedas. Antes no podía caminar, no podía moverse, tampoco podía doblarse y mucho menos cargar peso. Todo esto, como consecuencia de un terrible accidente. Pero cuando el poder de Dios cayó sobre ella, empezó a hacer todo lo que antes no podía hacer. Comenzó a doblarse, moverse, ca­minar, saltar y hasta correr, sin dolor alguno en su columna. La mujer estaba llena de gozo. «¡No lo puedo creer!», gritaba mientras corría. No dejaba de darle gracias a Dios. ¿Qué pasó en este caso? La mujer respondió a la gloria de Dios presente en el lugar y tomó su milagro, hizo una acción correspondiente y testificó de inmediato. ¿Lo hará usted también?

 

7. Entender la Ley de la Expectativa.

Hechos 3:5. La fe actúa en lo que ya ha sido predeterminado, por eso hay expectativa. Cuando la gente viene a la iglesia por primera vez todavía no ha creído nada. Yo no puedo imponer las manos sobre gente que no espera nada. Sé que en ocasiones se ofenden, pero usted no puede dar lo que alguien no recibe. Debemos ir predeterminados, con la expectativa de recibir un milagro, una sanidad, una liberación o un evento sobrenatural. A veces, incluso cantamos canciones que matan nuestra fe, que dan vueltas alrededor de nuestro dolor en vez de declarar lo que Dios ya hizo. Algunos predicadores tienen que luchar para que la gente reciba porque no hay expectativa alguna, a menos que venga un invitado famoso.

En mi experiencia he notado que la expectativa que gene­ra un predicador de afuera no es la misma que genera el pre­dicador local. Por eso al local le cuesta tanto desatar el poder de Dios; porque no hay expectativa, porque hay familiaridad con él y con su unción. Dios está desatando una expectativa sobrenatural en el creyente. No importará quién predique, la gente vendrá y tomará su milagro de la atmósfera de la eterni­dad. ¿Puede imaginarse a toda la iglesia a la expectativa? Aun cuando usted no tenga el don de sanidad Dios manifestará Su poder.

El secreto para fluir en milagros es saber el tiempo en que Dios se manifestará en el servicio y estar siempre a la expectativa.

Observemos cómo Dios obra milagros cuando el pueblo pone demanda:

Hace algún tiempo viajé a Perú para predicar a unos dos mil pastores y líderes de ese país. La expectativa era tan grande que me recibieron como al hombre de Dios, y al mensaje que llevaba, como la palabra de Dios; lo mismo que le sucedió a Pablo en Tesalónica. Eso generó gran demanda sobre el man­to que Dios ha puesto sobre mí. Hasta el lugar llevaron a una mujer en camilla, con una enfermedad en su espalda que no le permitía hacer el más mínimo movimiento. Mientras predicaba la Palabra la mujer puso tal demanda, que llegó un momento en que se levantó de la camilla y subió a la plataforma, con co­bijas y todo, a testificar que Dios la había sanado. Al siguiente día volvió con su familia y con documentos del médico que ra­tificaban la enfermedad de la que Dios la había sanado. En el mismo lugar, otra mujer testificó que Dios le había creado cinco dientes nuevos de oro. Decenas de milagros más ocurrieron en ese lugar, debido a la demanda de la gente sobre la unción; además, porque tenían la expectativa de recibir, como ocurrió en el libro de los Hechos.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

Lee La Ley de la Respuesta y la Ley de la Expectativa 3

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre