Predicaciones – Milagros, Señales, Maravillas y Expulsión de Demonios 3

 

Continuemos.

El siguiente es un testimonio de la obra completa de Dios:

Durante una jornada de testimonios en nuestra iglesia, pasó al altar una mujer a quien los médicos le habían diagnosti­cado una enfermedad autoinmune que atacaba todo su sistema, especialmente el hígado. La mujer sufría sangrados espontáneos y el médico le había dicho que corría riesgo de muerte, que la diabetes y las diálisis formarían parte de su rutina de por vida. Como parte del tratamiento, llegaron a hacerle transfusiones de hasta trescientas bolsas de sangre. Cuando oramos por ella en la iglesia, Dios hizo un milagro extraordinario. Pronto la mujer empezó a mejorar, a los pocos días comenzó a caminar y hoy cuenta entre sonrisas que volvió a nacer. Cuando vino a dar su testimonio, trajo los documentos médicos que demuestran que estuvo enferma y sin esperanza, hasta que el poder de Dios la sanó de forma sobrenatural. Hoy recuerda que los pronósticos médicos le decían que de esa enfermedad nadie se salva. «¡Pero yo estoy viva!», afirma sonriendo. «¡Dios me sanó!».

Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán (Marcos 16:18)

Conozco creyentes que saben mucho acerca del aguijón de Pablo (2 Corintios 12:7), la sarna de Job (Job 2:7), el dolor de estómago de Timoteo (1 Timoteo 5:23) y mucho más. Algunos piensan que la enfermedad es un castigo de Dios o que sufrir una enfermedad es para glorificar a Dios, lo cual no es bíblico; muy pocos, sin embargo, pueden citar versícu­los bíblicos que hablen de sanidad. Esto se debe a que nosotros los predicadores no hemos enseñado acerca del tema. Otros usan la Palabra para justificar una enfermedad. Hermanos, si no enseñamos acerca de lo sobrenatural de Dios, no habrá fe en el pueblo para creer en milagros y los incrédulos no serán persuadidos.

Conforme a la Escritura, todo poder de la enfermedad fue roto por Cristo hace más de 2000 años atrás, en la cruz. Si esto es así, ¿por qué hay tanta gente enferma? Realmente, la enfermedad expiró el día que Jesús pagó por completo por nuestras iniquidades en la cruz del Calvario; por tanto, es ile­gal que esté en nuestro organismo. La sanidad no es sólo un don divino, también es un derecho legal; sin embargo, la iglesia busca más el don que el derecho.

La sanidad es un derecho legal del creyente para él y para impartírselo a otros.

¿Qué es un Milagro?

El término milagro proviene de la palabra griega “dunamis”, que traducida literalmente significa «obras de poder»; es de­cir, hechos que manifiestan el poder sobrenatural de Dios. Los milagros son visibles, instantáneos y suceden de repente. Un milagro es la intervención repentina de Dios en el curso normal de la vida de una persona, que interrumpe las leyes naturales del tiempo, el espacio y la materia.

Con todo, las señales de apóstol han sido hechas en­tre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros (2 Corintios 12:12).

El testimonio que aparece a continuación muestra irrefutablemente las obras de poder que hace Dios:

Estaba ministrando en El Salvador frente a unos 1.500 líderes, cuando de repente, la gloria de Dios cayó y varias personal vieron la nube de Su gloria dentro del auditorio. Cuando la gloria de Dios se manifiesta, milagros suceden aún sin necesidad de oración; estos ocurren no por la unción, sino porque Dios mismo está obrando los milagros a Su completa voluntad.

Había entre los presentes, una doctora a la cual unos años antes le habían  extirpado un oído por completo, incluyendo todo el aparato auditivo; más aún, le habían cerrado el orificio de la oreja. Bajo ese  cuadro, es clínicamente imposible que ella pudiera escuchar por ese lado. Sin embargo, en medio de la gloria de Dios, la mujer su­bió al altar llorando de gozo para testificar la grandeza del poder de Dios. ¡Puedo oír por el oído extirpado! ¡Sin aparato auditivo! Nadie mejor que ella, como médico, para dar fe que había ocurri­do un milagro, ya que científicamente era imposible que estuviera oyendo. ¡Dios le creó un órgano auditivo nuevo! Todo ocurrió en medio de Su presencia de gloria. ¡Qué grande es nuestro Dios!

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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