Predicaciones Cristianas – Cómo Tratar Con Los Parientes Difíciles 1

 

Pasaje clave: Marcos 3:35

 

Es posible que haya en su vida alguien con quien no puede conversar y de quien no puede alejarse. Una madre quejosa, un tío que sorbe la sopa ruidosamente o una hermana que hace ostentación de su figura. Un padre que aún está esperando que usted consiga un trabajo verdadero o una suegra que se pregunta por qué razón su hija se casó con usted.

Se parecen a un ascensor repleto en el que usted entró a la fuerza. En el que están las personas que por casualidad han sido forzadas a apretujarse por el tiempo que dure un corto viaje, hablando lo mínimo indispensable. La única diferencia es que en algún momento descenderá del ascensor y nunca más volverá a ver a esas personas; sin embargo eso no sucederá con los parientes difíciles. En las reuniones familiares: Navidad, el día de Acción de Gracias, los casamientos, funerales, etc., ellos estarán presentes.

Y usted estará allí sorteando las preguntas difíciles. ¿Por qué la vida familiar se vuelve tan difícil? Si de alguien esperamos sensibilidad hacia nuestras necesidades es de los miembros de nuestras familias. Cuando sufrimos por algún dolor físico, deseamos que nuestra familia responda. Cuando atravesamos por conflictos emocionales, deseamos que nuestra familia esté enterada.

Pero en ocasiones se comportan como si no lo supieran. A veces hasta nos parece que no les importa.

¿Qué puede hacer cuando los que están más cerca de usted mantienen la distancia? ¿Cuando puede llevarse bien con otros, pero usted y los suyos no congenian?

¿Tiene Jesús algún comentario con respecto a los familiares difíciles? ¿Existe algún ejemplo de Jesús aportando paz a una familia herida? Sí, existe.

El suyo propio.

Tal vez le sorprenda saber que Jesús tenía una familia difícil. ¡A lo mejor le sorprenda saber que Jesús tenía una familia! Quizás no esté enterado de que Jesús tenía hermanos y hermanas. Pero los tenía. Citando las críticas de los coterráneos de Jesús, Marcos escribió: «¿No es el carpintero, hijo de María y hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros?» (Marcos 6.3).

También es posible que le sorprenda saber que su familia distaba mucho de ser perfecta. Es cierto. Si su familia no lo aprecia, cobre ánimo, tampoco la de Jesús lo apreciaba (Marcos 6.4).

Me pregunto qué habrá querido comunicar al decir esas cinco palabras finales. Fue a la sinagoga donde se le había pedido que hablase. La gente estaba orgullosa de que este muchacho del lugar hubiera progresado tanto… Hasta que escucharon lo que decía. Se refería a sí mismo como el Mesías, aquel que habría de cumplir la profecía.

¿Su respuesta? «¿No es éste el hijo de José?» ¿Traducción?: ¡Éste no es ningún Mesías! ¡Es igual que nosotros! Es el hijo del plomero que vive en la otra cuadra. Es el contador del tercer piso. Es el obrero de la construcción que solía salir con mi hermana. Dios no habla a través de personas conocidas.

Primero era un héroe pero un minuto después era un hereje (Lucas 4.29–30).

¡Qué momento tan desagradable! Los amigos del vecindario de Jesús intentaron matarlo. Pero aún más desagradable de lo que vemos es lo que no vemos. Noten lo que falta en este versículo. Observen cuáles palabras debieran estar allí y sin embargo no están. «Y lo llevaron hasta la cumbre de la colina… para tirarlo por el precipicio, pero los hermanos de Jesús se acercaron para defenderlo».

Nos gustaría leer eso pero no podemos, porque eso no es lo que dice. Eso no fue lo que sucedió. Cuando Jesús estuvo en dificultades sus hermanos se hicieron invisibles.

Sin embargo no siempre se mantuvieron invisibles. Hubo un momento en el que hablaron. Hubo una ocasión en la que fueron vistos con Él en público. No porque estuviesen orgullosos de Él sino porque se avergonzaban de Él (Marcos 3.21).

Los hermanos de Jesús pensaban que su hermano era un lunático. No estaban orgullosos… ¡Estaban avergonzados!

«Está totalmente loco mamá. Deberías escuchar lo que dice la gente acerca de Él».

«La gente dice que se ha vuelto lunático».

«Sí, una persona me preguntó por qué no hacemos algo para detenerlo».

«Menos mal que no está papá para ver lo que está haciendo Jesús».

Palabras hirientes proferidas por aquellos que estaban más cerca de Jesús.

Y en Juan 7.3–5 hay más. ¡Escuche el sarcasmo contenido en esas palabras! Destilan ridiculez. ¿Cómo hace Jesús para soportar a estos tipos? ¿Cómo es posible creer en uno mismo cuando aquellos que más lo conocen no lo hacen? ¿Cómo se puede avanzar cuando su familia desea halarlo hacia atrás? Cuando usted y su familia tienen intereses diferentes. ¿Qué debe hacer?

Jesús nos da algunas respuestas.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Todavía Remueve Piedras”

Por Max Lucado

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