La Oración de José

Pasaje Clave: Mateo 1:24.

El espacio en blanco entre los versículos de la Biblia es suelo fértil para preguntas. Uno casi no puede leer las Escrituras sin susurrar: «Me pregunto…»

«Me pregunto si Eva alguna vez volvió a comer fruta».

«Me pregunto si Noé dormía bien durante las tormentas».

«Me pregunto si a Jonás le gustaba el pescado o si Jeremías tenía amigos».

«¿Evitaría Moisés las zarzas? ¿Contaba Jesús chistes? ¿Alguna vez habrá intentado Pedro volver a caminar sobre el agua?»

«¿Alguna mujer habría aceptado casarse con Pablo si él se lo hubiese pedido?»

La Biblia es un cerco lleno de agujeros por los que podemos espiar sin llegar a ver el cuadro completo. Es un álbum de fotografías que captan los encuentros de las personas con Dios, pero no siempre registran el resultado. De modo que nos preguntamos:

Cuando regresó a su casa la mujer adúltera, ¿qué le dijo a su marido?

Después de su liberación, ¿a qué se dedicó el endemoniado como medio de vida?

Después de que la hija de Jairo fue levantada de los muertos, ¿lo lamentó ella alguna vez?

Agujeros, fotografías y preguntas. Los hallará en cada capítulo acerca de cada persona. Pero ninguna cosa hace surgir tantas preguntas como el nacimiento de Cristo. Los personajes aparecen y desaparecen antes de que podamos preguntarles nada. El mesonero, demasiado ocupado para dar la bienvenida a Dios, ¿supo alguna vez a quién había rechazado? Los pastores, ¿alguna vez tararearon la canción que habían cantado los ángeles? Los magos que siguieron la estrella, ¿qué sintieron al adorar a un bebé? Y José, especialmente José. Tengo preguntas para él.

¿Alguna vez jugaron a luchar tú y Jesús? ¿Alguna vez te permitió Él ganar?

¿Alguna vez levantaste tu vista mientras orabas para descubrir que Jesús te estaba escuchando?

¿Cómo se dice Jesús en egipcio?

¿Qué le sucedió a los magos?

¿Qué te sucedió a ti?

No sabemos lo que le sucedió a José. Su papel en el primer acto es tan fundamental que esperamos verlo durante el resto del drama, pero a excepción de una corta escena en Jerusalén con un Jesús de doce años, nunca vuelva a aparecer. El resto de su vida queda liberado a la especulación y a nosotros se nos deja con nuestras preguntas.

Pero de todas ellas, primero formularía una acerca de Belén. Me gustaría saber algo sobre la noche en el pesebre. Puedo imaginarme a José en ese lugar. Pasto iluminado por la luna. Las estrellas que titilan en el cielo. Belén que brilla a lo lejos. Y él caminando afuera del establo.

¿En qué estaría pensando mientras nacía Jesús? ¿Qué cosas llenaban su mente mientras María daba a luz? Había hecho todo lo que podía hacer: calentar el agua, preparar un sitio para que María se recostase. Había intentado dar a María la mayor comodidad que pudiese lograrse en un establo y luego había salido. Ella había pedido estar a solas y José nunca se ha sentido más solo.

En esa eternidad que transcurre entre el pedido de su esposa de estar a solas y la llegada de Jesús, ¿en qué pensaba? Caminaba bajo el cielo nocturno y miraba a las estrellas. ¿Habrá orado?

Extracto del libro “Todavía Remueve Piedras”

Por Max Lucado

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