Predicaciones Cristianas – Relaciones Restauradas 3

 

Continuemos.

¿Por qué Jesús le empezó a hablar de ella misma a la mujer? Porque la mujer estaba loca, así como trató a Jesús, así trató a la hija, por eso la hija estaba endemoniada, así como fue absorbente con el Señor, así como le gritó a Jesús, le gritaba a su hija, porque uno trata a Dios como fue tratado, y como fue tratado en su pasado. Jesús le hace el giro y le dice, no vamos a hablar de tu hija, no vamos a hablar de la relación rota de tu hija endemoniada, le puso límite, vamos a hablar de vos, porque si tu hija está endemoniada es porque vos la endemoniaste.

Cuando la vio le dijo: «Yo tengo un pan pero no es para vos, sos una loca, nos volviste locos, y ahora querés que tu hija cambie, ¡no! vos vas a cambiar». Cuando Dios quiere restaurar una relación, Dios va a trabajar en nosotros primero. ¿Cuántos necesitan restaurar una relación rota?

¿Qué hace Jesús? La pone en contacto con ella misma, le dice, cuando cambies vos mujer, todo tu mundo familiar va a cambiar, porque cuando uno cambia, todo cambia alrededor. Por eso cuando alguien viene y dice, mi esposa me dejó, mis hijos están tristes, mi marido no me entiende, el Señor te va a decir, no me hables de tus hijos endemoniados, no me hables de tu esposa, vamos a hablar de vos, porque yo necesito trabajar dentro tuyo.

Imagínense una mujer demandante, una mujer gritona y Jesús no le habla y de pronto la mira y le dice, yo tengo un pan, es para los hijos no para los perros, porque en ese entonces se decía que el que no era judío era un perro.

Lo primero que te quiero decir es que Dios va a trabajar dentro tuyo. Dios me la va a hacer difícil, Dios va a provocar «incomodidad en mí”. ¿Sabías que Dios te va a incomodar, porque la comodidad nunca te hace crecer? Cuando vos estás cómodo en el área que sea, vos no estás creciendo y Dios te saca la silla y te incomoda. Vos venís y Dios te dice, todo lo que estudiaste en el seminario bíblico, no sirve para nada y vos decís ¿qué? y venís a la iglesia y le decís de memoria y Dios te dice “ni te escucho”. Vos decís Padre, y Dios no te escucha, y vos le oras y decís Señor, y Dios no te escucha y decís ¿por qué no me escucha? Te está moviendo a incomodidad, te va a dejar intranquilo porque solo la incomodidad te hace crecer. Si estás cómodo nunca vas a mejorar.

La mujer a los gritos pide ayuda y Jesús nada, entonces se le tira a los pies y Jesús le dijo: “Tengo pan, pero no para los perros como vos, porque el pan es para los hijos”. Sí dijo ella, pero cuando los hijos comen el pan, las migas se caen, yo seré un perro, pero con una miga de tu poder me alcanza. Y Jesús la miró y le dijo, esto era, acá quería llegar, que sueltes tu mejor fe.

Dios te va a incomodar y te va a poner en un ambiente difícil, hasta que aprendas a dejar de llorar, a dejar de demandar, a dejar de presionar, y te conectes a través de la fe y digas, si yo estoy acá, con una migaja de tu poder a mí me alcanza. Seré perro, tenés razón, no te voy a demandar, dame de tu poder, un poquito. Y Jesús le dijo: «Mujer grande es tu fe, tu relación con tu hija acaba de ser sanada».

1. Hablar Fe.

Esta mujer dejó de gritar, dejó de demandar, dejó de hacer lío, y empezó a hablar fe. Tenemos que hablar fe. Fe es llamar lo que no es como si fuera: estoy bendecido, voy en victoria, Dios está conmigo. Y Dios dice “así te quiero escuchar, hablando fe”. Dice la Biblia «…Todo lo que hagas te saldrá bien».

Uno puede repetir como un loro y no hablar fe. Dios bendice gente ungida, que le cree de verdad. Yo creo que todo me saldrá bien, yo creo que Dios va a restaurar mi casa, yo creo que mis hijos estarán bendecidos, yo creo que en esta noche voy a comer una migaja del poder del cielo, y esa migaja traerá un cambio extraordinario en mi casa.

(CONTINÚA…)

Por Bernardo Stamateas

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