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Continuemos.

En el mundo todo funciona por palabras, la vida y la muerte están en las palabras. Si sabemos hablar las palabras correctas, con la actitud correcta, tendremos bendición. Las palabras nos hunden o nos levantan. Dios nos dará sabiduría acerca de este tema que por tanto tiempo estuvo escondido del mundo espiritual, para que cuidemos nuestro hablar y seamos grandes conversadores como lo fue Jesús.

 

6. Por perder tiempo en hablar con la gente equivocada.

Jesús sabía hablar, pero no perdía su tiempo con los fariseos, legalistas, prehistóricos. “Ellos lo buscaban a Jesús, dice Brian Mc Laren, le hacían la pregunta A, pero esperaban la respuesta B. Por ejemplo: “Señor la encontramos en adulterio, la ley dice que hay que matarla”, ellos esperaban la respuesta B, que Jesús dijera “mátenla”.

Otro día fueron los religiosos y le preguntaron: “Señor tenemos que pagar los impuestos a Roma”. Si Jesús decía que “sí”, lo iban a acusador de romano y si decía que “no” lo acusarían de golpista; o sea que estaban esperando la respuesta B. Y el teólogo americano dice “siempre que le hacían la pregunta A, esperando la respuesta B, Jesús le daba la respuesta C”; por eso Jesús respondió: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Hay gente que no le tenés que dar la respuesta B sino la C, que es la que menos esperan.

 

Cómo Ser un Buen Conversador Como Jesús.

Jesús entra en una ciudad y Zaqueo, que era de baja estatura, millonario, recaudador de impuestos y odiado por todo el pueblo, se subió a un árbol para ver al Señor. Jesús caminaba con sus apóstoles y con la multitud, levantó la mirada y le dijo: “Zaqueo, me invito a tu casa”.

Los buenos conversadores nunca pierden contacto con la gente.

Nunca te aísles de la gente, no pierdas el contacto sea quien sea esa persona. Jesús se invitó. No esperes que te inviten, invitate solo. Decile a tu amigo que no conoce al Señor: “hoy me invito a tu casa, pagame una cena”. El gran problema de muchos cristianos es que, cuando recibieron al Señor, en vez de mantener contacto con todos, se aislaron de algunas personas.

Jesús le dijo Zaqueo: Baja a prisa. Los apóstoles pensaron que le haría juicio, que le mandaría fuego y, seguramente cuando oyeron la propuesta de Jesús, habrán pensado: “¿cómo va a comer con éste? Yo lo sirvo y nunca vino a mi casa?” Comenzaron a murmurar. Y cuando Jesús se invitó, Zaqueo dijo: Si robé algo a alguien le voy a pagar multiplicado por cuatro. Y todos dejaron de murmurar. Zaqueo dijo eso sin que Jesús se lo pidiera, se sintió aceptado.

¿Querés cambiar a tu hijo que está en la droga? Debés saber conversar con él.

¿Querés cambiar a tu marido que está loco, o a tu esposa, o a tu suegra, o a tu jefe? Conversá como Jesús.

Jesús les dijo: El Hijo del hombre, vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. No dice “los perdidos” sino lo que se había perdido. “Lo” no es “los”; si recupero “lo”, voy a recuperar a “los”.

¿Qué es lo que se perdió y Jesús vino a recuperar? El amor por la gente, eso es lo que se perdió. “Están murmurando y juzgando a Zaqueo, y eso es lo que vine a recuperar: el amor por él”.

No perdiste a tu esposa sino el respeto que le tenías; no perdiste a tus hijos, sino el amor que le tenías; porque no perdemos a la gente sino, primero, perdemos “lo”. Si recupero “lo” que se había perdido, recuperaré a “los”.

En todo el evangelio Jesús dice: Vino a lo suyo, y los suyos no lo recibieron; es decir, Jesús vino a buscar lo que se había perdido: el respeto, el amor por la gente.

(CONTINÚA…)

Por Bernardo Stamateas

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