Matrimonios Cristianos – Historia, Teología y Sexualidad 4

 

Continuemos.

2. La Sexualidad y la Biblia.

La Biblia plantea la sexualidad como algo maravilloso y bueno (Gn.1:31), éste es el pilar fundamental de la ética cristiana.

La Biblia es un libro muy sexual ya que en él se relatan historias y principios muy variados, pero su objetivo, recordemos, no es un tratado de «sexología moderna» o «manual ilustrado de prácticas sexuales»; su finalidad es otra. Por eso, muchos temas que atañen a la sexualidad, fuera de la Biblia, van por cuenta personal de cada creyente.

A su vez cada aspecto bíblico debe ser visto a la luz de sus costumbres, historia y trasfondo.

La Biblia muestra desde el comienzo al ser humano como alguien sexual (Génesis 1:27).

El texto afirma que se «es» varón o mujer, y no como alguien poseedor de un sexo. Dios es el creador de la identidad de género y hay en lo más profundo del ser humano el sentimiento de ser imagen del creador.

También dice Génesis 2:24-25: «Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer y no se avergonzaban.»

Ya desde el comienzo la Biblia habla del sexo; «ser una sola carne». La sexualidad aparece como un punto de unión entre dos personas que se aman. Esta unión placentera da al hombre y a la mujer un sentimiento de mutua dependencia (Génesis 2:23).

Por tanto, la primera finalidad del sexo no es la reproducción. Lo que sucede es que tenemos dos tradiciones distintas sobre el origen de la creación.

En la primera se afirma que Dios creó al hombre a su imagen y lo bendijo diciendo: «creced y multiplicaos, llenad la tierra y señoreadla completamente» (Gn.1:28). En este relato el hombre es la cumbre de la creación. Los imperativos del texto son cuatro: creced en número, multiplicaos, llenad la tierra y señoreadla. Los tres primeros tienen que ver con el sexo.

En el segundo relato del Génesis, el foco no está puesto en la reproducción, como muchos «padres de la iglesia» y religiosos enseñan; sino en el placer, en la unión, el pertenecerse el uno al otro.

En Proverbios 5:18-19 leemos: «Sea bendito tu manantial y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre.»

La unión tan íntima que implicaba la sexualidad era una unión corporal, de ahí el énfasis del pueblo hebreo de no descubrir la desnudez del otro; ya que ver al otro desnudo era penetrar en su intimidad.

Pertenecer al otro es encontrarse con uno mismo.

La sexualidad aparece dentro del marco del matrimonio como algo maravilloso que la pareja puede disfrutar en su plenitud (aunque también los evangélicos están marcados por la represión). Dice 1º Corintios 7:3-5: «El marido cumpla con la mujer el deber conyugal y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento…»

Algunos aluden a las palabras de Pablo en 1º Corintios 7:36-38: «Bueno le sería al hombre no tocar mujer» para fundamentar el ascetismo del apóstol. Tengamos en cuenta que el apóstol está contestando una carta que los corintios le habían escrito preguntando sobre estos temas. Pablo responde con un «bueno», enfatizando como «normal», «sano», si el hombre forma pareja o no. Es como si dijese: «un hombre soltero que no toque una mujer es normal». Por eso, en los versículos 3, 4 y 5, dice a los casados que se brinden mutuamente en el acto sexual.

La sexualidad es algo que involucra a toda la persona aun lo corporal. Muchas veces se ha malinterpretado al apóstol Pablo como alguien despreciativo de lo corporal. Basta para aclarar el malentendido con un pasaje en 1º Corintios 6:19-20.

En algunos pasajes el apóstol habla de «las obras de la carne» o la lucha contra «la carne y el espíritu». De ninguna manera habla del «cuerpo contra lo espiritual» (interpretación netamente gnóstica), sino que al referirse a la «carne» habla de los sentimientos de odio, destrucción, y asiento de maldad más profundo que una persona puede tener, es lo que va en contra de la voluntad de Dios. Por eso dice que las borracheras, las orgías, el odio, etc, vienen de la «carne» (Gál.5).

La sexualidad aparece como una mutua entrega, una mutua dependencia.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Sexualidad y Erotismo en la Pareja”

Por Bernardo Stamateas

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