Mito: «Todos lo afeminados son homosexuales».

Falso. Al igual que la afirmación de que todos los homosexuales son afeminados. Una persona puede ser delicada, en su forma de ser, esto no significa que su orientación sea homosexual. Aquí nos gustaría remar­car lo importante de los «diagnósticos» que se realizan a la ligera. Muchos al ver al afeminado dicen: «va en mal camino», «éste si no termina siendo homo…» y frases así que lo único que hacen es condicionar a quien las escucha a creer que a la larga terminará siendo homosexual. Esto lo conocemos en psicología como «profecía autocumplidora».

Lo hemos visto cumplirse una y otra vez: «serás un fracasado», «serás una solterona», etc. De una manera inconsciente la persona hace que esto se cumpla. También es falso que las lesbianas (homosexualidad femenina) son todas «machonas» o «masculinoides».

Mito: «La homosexualidad es contagiosa».

Falso. No se contagia ni se hereda ni es genética. Le temen a la homosexualidad aquellos que no tienen un sano desarrollo psicosexual y su imagen masculina o femenina clara y desarrollada. Esto se ve claramente en los que «castigan y castigan y castigan» a los homosexua­les como los únicos y peores de los pecadores.

Si nos quitamos éstos y otros mitos estaremos en mejores condicio­nes para poder aconsejar, pastorear y comprender.

Tipos de homosexualidad

Sabemos, como dicen las Escrituras que toda homosexualidad es pecado a los ojos de Dios. Ahora cuando aconsejamos pastoralmente a un homosexual debemos tener en cuenta frente a qué tipo de ho­mosexualidad nos encontramos.

Homosexualidad situacional:

Son las relaciones que ocurren en aquellas circunstancias especiales en las cuales no hay personas del sexo opuesto, como por ejemplo en el ejército, las cárceles, monasterios y otras instituciones en las cuales por períodos prolongados no se puede acceder a la relación heterosexual. Salida de esta situación la persona suele volver a su orientación hetero­sexual. También es llamada técnicamente homosexualidad por privación.

Homosexualidad transitoria:

Esta se da en un período especial del desarrollo psicosexual del ser humano. En la infancia pueden darse los juegos de carácter homosexual (entre el mismo sexo) y en la adolescencia comparación de sus genitales, masturbación mutua, juegos y toqueteos. Es en la adolescencia donde se define la orientación sexual, por eso es difícil hablar de homosexualidad (como estructura) antes de que el desarrollo psicosexual esté completado.

Homosexualidad reprimida o latente:

Es la persona que siente atracción y deseo de involucrarse en rela­ciones homosexuales, pero que no lo reconoce porque lo ha reprimido. Generalmente esta represión se manifiesta a través del odio y persecu­ción hacia todo homosexual, a través de una gran masculinidad y a través de los celos delirantes. Hemos conocido grandes «perseguidores» de los homosexuales, «caer» en aquello que condenaban. A veces el más moral esconde una gran inmoralidad. La homosexualidad latente puede ser reconocida por la persona pero solamente en la fantasía, sin jamás llegar a practicarlas. Las tendencias se reprimen por la angustia que genera el solo hecho de pensar que se es homosexual. En una oportunidad nos contaron de un homosexual convertido al Señor, que dejó su práctica homosexual (la reprimió más bien) y luego de varios años casarse, tener hijos, servir en una iglesia; cuando menos se esperaba, deja todo y cae en la homosexualidad. Como consejeros debemos tener en cuenta que dejar el síntoma, no significa haber resuelto las motivaciones que llevaron a la homosexualidad, así como un alcohólico puede dejar de tomar y seguir siendo una persona inmadura, iracunda y agresiva en su estructura de personalidad. La pastoral no apunta sólo a los síntomas sino a cambiar las motivaciones y la estructura de personalidad patológica.

Homosexualidad como estilo de vida

Es la manifestación abierta de su conducta sexual. La persona asume su orientación sexual en la sociedad como una forma de pensar y de vivir. Antes se nos enseñaba que la homosexualidad era una perversión, hoy que es un estilo de vida. Muchos científicos consideran que la homosexualidad no es una anormalidad, ni enfermedad, ni perversión.

Este tipo de homosexualidad es el más difícil de tratar, ya que la persona no siente angustia por ser homosexual y no se puede curar a quien no se sabe enfermo.

Extracto del libro Perversiones Sexuales

Por Bernardo Stamateas

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