El origen de la conducta homosexual

Dentro de los conocimientos que hoy disponemos en las ciencias, especialmente en la psicología no existe un criterio unánime sobre la etiología de la homosexualidad. Las largas discusiones científicas siguen y cada vez interesa menos en este círculo el estudio sobre el origen ya que para qué investigar lo que hoy casi por unanimidad en los medios psicológicos se considera normal.

Podemos decir aquí que nos sorprende enormemente la superficia­lidad y el poco nivel científico de muchos libros cristianos al encarar este punto. La gran mayoría de los mismos siguen un esquema simple como el comenzar a fantasear con imágenes homosexuales, luego se pasa a la práctica y al «hábito». El error es mucho mayor cuando se trata de sostener esta teoría con la Biblia. Al escribir este capítulo tenemos a nuestro alcance algunos de estos libros escritos con el afán de poder dar las explicaciones a algo que realmente es complejo. Como creyentes debemos no aventurarnos a sostener lo que científicamente aun hoy investigamos.

Viene a nuestra mente el caso atendido en el hospital donde traba­jamos. Era un joven que hizo su consulta por «problemas sexuales». Inmediatamente al tomar asiento relató que él había sido homosexual y que «el Señor me transformó, cambió mi vida, renuncié y soy libre por la sangre de Jesús». Bien, le dije: ¡qué bueno que hayas tenido una experiencia de ese tipo tan profunda!

Inmediatamente continuó diciendo: así que empecé a salir con una mujer de mi iglesia.

Le dijimos: ¿y cuál es el problema? Contestó: ¡Es que no tengo erección!

Esta falta de erección nunca le había sucedido en su experiencia homosexual, pero sí en su experiencia heterosexual. Un par de preguntas más señalaron y mostramos cómo solamente el proceso había comen­zado, cómo con el Señor había dejado su conducta homosexual pero había que seguir trabajando en descubrir y limpiar el sótano también…

 En cuanto a los factores psicológicos no podemos atribuir la homo­sexualidad a una sola causa. El antiguo modelo de una madre fálica o absorbente y un padre pasivo e inútil que no tiene lugar en esa estrecha relación madre-hijo (ni intenta tenerla) la seguimos observando con fre­cuencia, pera no debemos caer en el error de creer que está todo dicho. Para nada, todavía hay muchísimos factores más.

 Las identificaciones juegan un papel importante, por ejemplo, para la niña el primer modelo de identificación como imagen femenina es su propia madre, una madre feliz y enamorada con su marido y contenta de su función de mujer y su función maternal (en ese orden). Lo mismo sucede con la imagen del padre; hemos visto en algunas lesbianas una imagen totalmente temerosa, distante, fría y temible.

Pero no termina todo ahí ya que existen las identificaciones incons­cientes, las cuales operan en forma fuera de «lo que uno sabe». Hemos visto mujeres sentirse feas y no deseables para los hombres buscar una «novia» a la cual idealizar y representar como el ideal de mujer que les hubiese gustado ser. Así la admiración les lleva a la proyección de este ideal de quien se han enamorado.

 Muchas lesbianas presentan gran inseguridad en su papel femenino frente a los varones y aun algunas, un profundo rechazo sobre su femineidad, esto visto especialmente en las mujeres con comportamien­tos varoniles y que asumen una posición activa en la pareja. También se da en las parejas donde se asume un rol altamente maternal, una madre cuidadora o hemos visto, siempre enfatizando la múltiple causalidad psicológica interviniente en esta orientación sexual. También los traumas sexuales y la violencia familiar juegan aquí un papel importante.

Los mandatos familiares es otro capítulo que merece un libro. Los mandatos son los mensajes que se transmiten en forma oral o conductual por la familia a sus hijos, generalmente en forma inconsciente; familias donde los mandatos han sido: las mujeres son una porquería, la vida es dura, todos te engañan, éste es medio maricón, el casamiento es pe­ligroso, etc. Ancestrales que rehacen sobre el hijo traumas sexuales, miedos, etc, que un profesional debe revisar y analizar en profundidad.

Para la homosexualidad masculina también vale lo dicho anteriormen­te, especialmente las identificaciones sufridas con el padre, que gene­ralmente son las de un padre débil, pobre afectivamente, ausente y miedoso. Esto los lleva a identificarse en otro rol y buscar afecto en otro hombre. Muchos homosexuales como bien señaló Freud, buscan a un joven parecido a él mismo para amarlo como su madre lo amo. Dice literalmente:

«En todos los casos investigados hemos descubiertos que los invertidos pasan en los primeros años de su infancia por una breve fase de fijación a la mujer (a su madre en la mayoría de los casos), y que después de esta fase heterosexual se identifican con la mujer y se toman a sí mismos como fin sexual, esto es, buscan, partiendo de una posición narcisista, hombres jóvenes y semejante a su propia persona, a los que quieren amar como la madre los amó a ellos.»

 También señala Freud, que recién después de la pubertad tiene lugar la decisión definida de la orientación sexual. Afirma también que la frustración y la falta de un padre enérgico favorecen la homosexualidad y reprimen su agresividad.

Extracto del libro Perversiones Sexuales

Por Bernardo Stamateas

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