Matrimonios Cristianos – La Respuesta Sexual Femenina y Masculina 1

 

 

1. Introducción.

Uno de los aspectos más impor­tantes para una buena pastoral en un conflicto sexual es explicar a nues­tros aconsejados cómo se desarrolla la respuesta sexual tanto en el hom­bre como en la mujer.

Éste es uno de los elementos claves en la educación sexual de ma­trimonios, ya que muy pocas perso­nas saben que existen importantes diferencias entre el ciclo sexual mas­culino y el femenino.

¡Cuántos malentendidos y conflic­tos de pareja podríamos ahorrar si la educación pastoral de estos temas fuese más frecuente y mucho más profunda en nuestras iglesias!

En toda actividad sexual intervie­nen múltiples factores, no son sólo dos cuerpos biológicos los que se encuentran, sino también dos histo­rias, dos personalidades, dos educa­ciones y dos formas de disfrute sexual. Estos factores más otros tantos hacen que cada uno de nosotros configure una conducta sexual diferente en muchos aspectos a los de otra.

Fue Alfred Kinsey y sus colaboradores los que hicieron una recopi­lación de modelos de conducta sexual entre los años 1938 a 1952. Éste se realizó a través de un interrogatorio directo de gran valor sociológico. A este trabajo importante, pero incompleto, le faltaba un aspecto fun­damental: el fisiológico y psicológico de la conducta sexual.

A esto se dedicaron los investigadores norteamericanos William Masters nacido en Cleveland en 1915, especialista en obstetricia y ginecología y Virginia Johnson nacida en 1925 en Missouri, investigadora adjunta, psicóloga e instructora de investigaciones. Ambos partieron de dos preguntas fundamentales que trataron de contestar:

  • ¿Qué le pasa a un hombre y a una mujer cuando responden a una estimulación sexual efectiva?
  • ¿Y por qué responden como lo hacen frente a una respuesta sexual efectiva?

Para contestar estas preguntas analizaron cientos de casos a través del interrogatorio, la observación y el registro físico en su laboratorio de St. Louis, financiado por la Washington University Medical School. Los estudios fueron hechos con 382 mujeres cuyas edades oscilaban entre los 18 y 78 años que cooperaron activamente y 312 hombres de participación activa.

Luego de investigar y observar reacciones individua­les (aproximadamente 2.500) y de pareja durante más de 10 años, volcaron en su libro Respuesta Sexual Humana lo que dieron en llamar el «ciclo de respuesta sexual humana».

La misma fue creada para poder comprender de una manera peda­gógica lo que sucede o no sucede en una relación sexual.

Dividieron el ciclo de respuesta sexual en 4 fases:

  • Fase de excitación
  • Fase de meseta
  • Fase de orgasmo
  • Fase de resolución.

Este ciclo sexual, hoy clásico en la formación para el sexólogo, constituye una clave para entender ciertas alteraciones sexuales que la pareja puede desarrollar y para poder comprender en qué etapa del ciclo se desarrolla.

Ellos descubrieron entonces que una relación sexual comprende 4 fases, que analizaremos.

Partimos de la base que para que se produzca el acto sexual los cuerpos de ambos deben experimentar una serie de cambios intensos tomando como punto de partida el nivel basal.

 

2. Fase de Excitación.

El deseo sexual se manifiesta como una tensión interior junto con la necesidad de librarse de ella.

No se puede experimentar la relación sexual si no hay excitación, si no se desea «entrar en clima». Si no existe el deseo es casi seguro que no habrá excitación.

Baste aquí con saber que para que comience la fase excitatoria es importante que en ambos cónyuges exista el deseo.

La excitación se desarrolla a partir de la estimulación, tanto corporal como psicológica. Son los estímulos los que comienzan en un ser humano a aumentar la tensión sexual. Si estos estímulos son adecuados a la demanda de cada persona, la fase de excitación puede durar mucho menos tiempo. Estos estímulos pueden ser emocionales o fisiológicos.

Al hablar de estímulos emocionales nos referimos a la imaginación o la fantasía (en la «sabiduría popular»: «pasarse la película», «hacerse el bocho», «darse máquina», «ratonearse», etc.). Estas escenas imagina­tivas que aparecen en la mente pueden ser reales o «inventadas».

En cuanto a los estímulos fisiológicos, nos referimos a todos aquellos que provienen de los sentidos. Remarcamos especialmente los del tacto y los de la vista.

Así la excitación aumenta buscando satisfacerse. Los besos, una palabra clave, contactos de piel y piel van llevando la excitación a niveles muy altos. Es importante señalar en este punto la necesidad de que ambos cónyuges aprendan que todo su cuerpo es una fuente de exci­tación y así puedan participar de la sexualidad con todo su cuerpo y no solamente con determinadas zonas.

Tanto los estímulos fisiológicos como los emocionales operan junta­mente en esta fase. Se despiertan en cada ser humano una serie de reacciones variadas y complejas tanto de orden emocional como fisiológicas.

Las caricias son el centro de esta fase. Estos estímulos despiertan reacciones de tipo neurológico, vascular, hormonal y muscular.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Sexualidad y Erotismo en la Pareja”

Por Bernardo Stamateas

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