1. Las mujeres no pueden gobernar o dirigir, porque carecen de inteligencia.

Según este mito, por el simple hecho de ser mujer, la capacidad intelectual debe ser menor. ¡Nada más FALSO!

Los hombres de la historia tienen la culpa. Los judíos consideraban a las mujeres incapaces de actuar como testigos res­ponsables; sólo servían para la cocina.

Aristóteles sostenía que la mujer era el resultado de un desarrollo incompleto del hombre en el útero de la madre, por lo que afirmaba que una mujer era un hombre defectuoso.

En el siglo cuarto se consideró a las mujeres como impuras y se las excluyó del santuario y del sacerdocio.

El impacto del pensamiento aristotélico sobre Tomás De Aquino fue tremendo: excluyó todo lo femenino de cuanto lugar pudiera, en vez de seguir el ejemplo del Maestro.

JESÚS LE DIO MUCHA IMPORTANCIA A LA MUJER

Él tenía mujeres como amigas íntimas y discípulos, de las que se dice que lo acompañaron en sus viajes de prédica y de enseñanza y que permanecieron fieles a él cuando todos los demás discípulos lo habían abandonado. Fueron las mujeres las que estuvieron con él durante la crucifixión y el entierro. Ellas, en especial su mejor amiga María Magdalena, son los primeros testigos de la resurrección.

  1. La mujer tienta al varón.

La historia, a través de diversos escritos, enseña que se consideró siempre a la mujer «símbolo de la carnalidad peligrosa». Se las separó en la iglesia, se las cubrió con un velo, se les prohibió hablar o enseñar, salvo en la soledad del convento. El sacerdocio mantendría la pureza si se alejaba de todo lo que fuera femenino. Tomás de Aquino sostenía, en consonancia con Aristóteles, que el semen masculino proporcionaba la formación genética total del embrión. La madre suministraba sólo la sangre. Pero cuando el desarrollo normal se alteraba, surgía la mujer, como un «hom­bre defectuoso». Con estos argumentos, Tomás consideró a las mujeres inferiores por naturaleza y más inclinadas al pecado en el desorden de la caída. El sostuvo que las mujeres no tienen la imagen de Dios, sino sólo cuando la reciben junto con el hombre, que es su «cabeza”. Pero la posición más extrema se halla en Malleus Maleficarum, el libro guía de la persecución de las brujas, que escribieron dos inquisidores dominicos en el siglo V; allí se las define como «defectuosas y perversas por constitución y doble­mente inclinadas a lo demoníaco después de la caída». ¡Qué terribles declaracio­nes! ¡Qué distinta es la realidad de Jesús!

  1. La relación sexual durante la menstruación puede traer enfermedades.

Este mito tiene su comienzo en la antigüedad. Muchos pueblos aislaban a las mujeres mientras menstruaban, por temor a que los hombres se contagiaran de algu­na enfermedad incurable. Otros asociaban la menstruación con el tiempo en que la mujer podía quedar embarazada. Ambos conceptos son erróneos. Hoy día se sabe que:

  • La mujer ovula (es fértil) justo 14 días antes de que sobrevenga la menstrua­ción, por tanto, durante ella, existen menores probabilidades de que quede embarazada en caso de mantener una relación sexual.
  • Por el sólo hecho de menstruar no se contagia alguna enfermedad. Pero cuidado, si la mujer es portadora de HIV o de otra enfermedad contagiosa por medio de la sangre, existe mayor posibilidad de contagio al haber gran cantidad de sangre.

Extracto del libro “Sexo. Lo que siempre quisiste saber”

Por José Luis y Silvia Cinalli

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