27. Lo sexual afecta sólo el cuerpo, no tiene nada que ver con lo espiritual.

Este mito lleva a los jóvenes a pensar que pueden tener relaciones sexuales antes del casamiento y estar bien con Dios al mismo tiempo. Suponen que una relación sexual es solamente la unión de dos cuerpos, cuando en realidad es la unión más íntima de todo el ser: espíritu, alma y cuerpo; reservada para un tiempo especial de la vida: el matrimonio. Este mito nació hace siglos. Ha ocasionado incontable dolor. La Biblia nos saca del error sobre las relaciones sexuales fuera del ámbito matrimonial, diciendo: «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Génesis 2:24).

Nota la siguiente declaración «…y se unirá a su mujer». ¿Cuándo? Cuando deja a su padre y a su madre. Luego dice «y serán una sola carne». Hay un orden que respetar. Primero se casan, luego se unen.

El que viola las leyes de Dios, arruinará su vida. Es imposible burlar los desig­nios de Dios sin sufrir las consecuencias.

  1. Los hombres necesitan sexo.

UN CASO COMÚN

Hugo comenzó a salir con Paula. Él pertenecía a una familia de clase social alta, liberal y desprovista de valores religiosos. Ella, católica practicante. Después de un tiempo de noviazgo, Hugo insinuó a Paula sobre la posibilidad de tener relaciones sexuales. Para él era algo natural; para ella, un pecado. Ella estaba convencida de que las relaciones sexuales antes del matrimonio destruían el plan de Dios y, por lo tanto, estaba dispuesta a posponerlo hasta la noche de bodas. No obstante, llegaron a un acuerdo. Paula permitiría que Hugo pudiera «aliviar» sus deseos sexuales con alguna prostituta. Tanto Paula como Hugo estaban influidos por este mito de que el hombre no puede «aguan­tar» y que «necesita sexo».

Esto no es verdad. Dios ha provisto al cuerpo los medios para abstenerse de toda práctica sexual como modo de vida, en caso de decidirse así. Para ello, ocu­rren las poluciones nocturnas y la reabsorción de esperma a partir de los testícu­los.

  1. Si la mujer dice que no, quiere decir que sí.

Este mito se basa en la creencia falsa de que la mujer, por pudor, nunca recono­cerá el deseo sexual y que cuando dice que no, en realidad quiere decir que sí. Creer este mito entraña el peligro potencial de utilizar la fuerza para conseguir lo que se desea. Así el varón, amparado en el pensamiento de que a su pareja le terminará gustando, la obliga a tener sexo, lo que constituye una violación. Según estadísticas, la violación por fuerza es muy frecuente. No existe daño cruel sobre la víctima, sino que se la obliga a mantener relaciones sexuales en contra de su voluntad. El violador está convencido de que su víctima se niega por vergüen­za, pero en realidad le agrada.

  1. Existen dos tipos de orgasmo femenino.

Según Freud, existían dos tipos de orgasmos en la mujer: uno clitorídeo, in­maduro o infantil y otro vaginal o maduro. A esta hipótesis la formuló sin dar ningún dato anatómico o fisiológico; simplemente, porque se le ocurrió (bien pode­mos decir que, en este aspecto, en lugar de evolucionar, involucionamos con Freud). Masters y Johnson demostraron que esto constituye un mito y que la mayo­ría de las mujeres alcanza el orgasmo por estimulación del clítoris; la minoría, por penetración.

Extracto del libro “Sexo. Lo que siempre quisiste saber”

Por José Luis y Silvia Cinalli

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