¿Qué hago para no recordar mi pasado cuando el pastor habla de sexo?

Creer en el perdón absoluto de Dios. Perdón y olvido de Dios. Cuando Dios perdona, Dios olvida. Claro está que la condición necesaria para el perdón es el arrepentimiento, lo cual implica mucho más que dolor por lo hecho; es mirar el pasado y caminar en la dirección contraria; es asumir un compromiso de no volver a cometer las mismas faltas. Jesús jamás consideró el pecado con liviandad. Nunca dijo a alguien: «¿tienes algún complejo de culpa? Olvídalo». Al contrario, consideró al pecado como una desviación inexcusable de la santa ley de Dios, como algo que tiene el poder de ahogar el alma (Marcos 4:19 y Juan 8:34) y como un asunto que tiene que ver con el corazón y no sólo con los hechos externos. Pero también ofreció la única solución verdadera, el perdón. Un poeta holandés ha considerado a la culpa del hombre «la raíz de todos los problemas humanos». Un psicólogo británico ha llamado al sentido de ser perdonado «la fuerza más curativa del mundo».

LA DOCTRINA DEL OLVIDO

Hebreos 10:17; Miqueas 7:19; Jeremías 31:34 y Ezequiel 18:22.

«Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones» (Hebreos 10:17). Un misionero servía con todo fervor al Señor en un pequeño poblado de la selva amazónica. Era muy amado y respetado por todos los habitantes, su iglesia tenía mu­cha vida y era conocida por todos los alrededores por el intenso amor de este siervo. Sin embargo, él llevaba una carga sobre su corazón que nadie conocía. Un día vino una ancianita para contarle que había soñado con Jesús y en el sueño hablaba con él. El misionero se alegró por el relato, pero no le dio mayor importancia. Pasaron los meses y la ancianita seguía con sus sueños, que comentaba a todos cuantos se le cruzaban. Un día, el misionero, ya cansado de esta situación, le dijo a la ancianita: ¿Es verdad que usted charla con Jesús en sueños? – Sí – contestó ella. Pues bien – dijo el misionero- la próxima vez que se encuentre con Jesús, pregúntele qué pecado cometió su siervo en la juventud. – Bueno – contestó la anciana. El domingo siguiente llovió y no pudieron encontrarse: pasaron dos semanas y, finalmente, el misionero y la ancianita pudieron charlar.

¿Le preguntó a Jesús qué pecado había cometido su siervo? – dijo el misionero.

Claro que sí – contestó ella.

¿Y qué le dijo Jesús?- preguntó intrigado el misionero. Que no se acordaba, que no se acordaba.

Esto es lo que Dios quiere que cada uno de nosotros sepa acerca de su perdón. Perdón inmenso y gratuito. Cuando Dios perdona, Dios olvida.

¿Por qué Dios está tan interesado en el sexo?

Porque desea para sus hijos una sexualidad sana.

Según Mace, B. y B., si quiere disfrutar de una vida sexual placentera, debe tener en cuenta estos elementos:

  • La ausencia de temores, de sentimientos de vergüenza y culpabilidad, de creencias infundadas y de otros miedos que inhiban o perturben las relaciones sexuales.
  • La aptitud para disfrutar de la actividad sexual y reproductiva, en el marco del matrimonio.
  • La ausencia de enfermedades que impidan la actividad sexual y reproductiva.

Extracto del libro “Sexo. Lo que siempre quisiste saber”

Por José Luis y Silvia Cinalli

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