Doctrina Bíblica – Cristo Murió Para Dar Vida Eterna a Todo Aquel Que Cree en Él

 

Pasaje Clave: Juan 3:16.

En nuestros tiempos más felices no queremos morir. El deseo de morir surge solamente cuando nuestros sufrimientos parecen insoportables. Lo que realmente deseamos en esos tiempos no es la muerte, sino el alivio. Quisiéramos que volvieran los buenos tiempos.

Quisiéramos que desapareciera el dolor. Quisiéramos ver a nuestro ser querido regresar de la tumba. Queremos vida y felicidad.

Nos engañamos cuando fantaseamos la muerte como el clímax de una vida bien vivida. La muerte es un enemigo que nos separa de los maravillosos placeres de este mundo. Llamamos a la muerte con dulces nombres como si fuera el menor de los males. Ese verdugo que da el golpe de gracia a nuestros sufrimientos no es la realización de un anhelo, sino el fin de la esperanza. El deseo del corazón humano es vivir y ser feliz.

Dios nos hizo en esa forma. «Él ha puesto eternidad en el corazón del hombre» (Eclesiastés 3: 11). Somos creados a la imagen de Dios y

Dios ama la vida y vive para siempre. Estamos hechos para vivir para siempre y viviremos. Lo opuesto a la vida eterna no es la aniquilación. Es el infierno. Jesús habló de esto más que nadie, y dejó bien claro que rechazar la vida eterna que ofrece resulta no en la obliteración, sino en la desgracia de enfrentar la ira de Dios. «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él» (Juan 3:36), y permanece para siempre.

Jesús dijo: «E irán estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida terna» (Mateo 25:46). Esta es una inenarrable realidad que muestra la infinita maldad de tratar a Dios con indiferencia o desprecio. Por eso Jesús advierte: «Si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga» (Marcos 9:47-48).

Así que la vida eterna no es meramente la extensión de esta vida con su mezcla de dolor y placer. Así como el infierno es el peor resultado de esta vida, la «vida eterna» es el mejor. La vida eterna es la suprema y aun creciente felicidad donde todo pecado y toda tristeza desaparecerán. Todo lo que sea malo y dañino en esta creación caída será eliminado. Todo lo que sea bueno, todo lo que traiga verdadera y perdurable felicidad, será preservado, purificado e intensificado.

Seremos cambiados de modo que seremos capaces de grados de felicidad inconcebibles para nosotros en esta vida. «Lo que ojo no vio ni oído escuchó, ni corazón de hombre imaginó… ha preparado Dios para los que lo aman» (1º Corintios 2:9). Esto es verdad cada momento de nuestra vida, ahora y siempre. Para aquellos que confían en Cristo lo mejor está aún por venir. Veremos la satisfaciente gloria de Dios. «Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único verdadero Dios y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Juan 17:3).

Para esto Cristo sufrió y murió. ¿Por qué no lo abrazamos a Él como nuestro tesoro, y vivimos?

Extracto del libro  “La Pasión de Jesucristo”

Por John Piper

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