La Doctrina de la Trinidad – Dios en Tres Personas: La Trinidad 12

 

Continuemos.

La forma del Credo Niceno que tenía esta frase adicional gradualmente ganó en uso general y obtuvo endoso oficial en el 1017 d.C. La controversia entera se complicó por políticas ecle­siásticas y luchas por el poder, y esto que parecía ser un punto doctrinal muy insig­nificante fue la principal cuestión doctrinal en la división entre el cristianismo oriental y occidental en el 1054 d.C. La controversia doctri­nal y la división entre las dos ramas del cristianismo no se han resuelto hasta el día de hoy.

¿Hay alguna posición correcta en este asunto? El peso de la evidencia parece favorecer claramente a la iglesia occidental. A pesar del hecho de que Jn.15:26 dice que el Espíritu de verdad «procede del Padre», esto no niega que proceda también del Hijo (tal como Jn.14:26 dice que el Padre enviaría al Espíritu Santo, pero Jn.16:7 dice que el Hijo enviaría al Espíritu Santo). De hecho, en la misma oración en Jn.15:26 Jesús habla del Espíritu Santo como el que «yo les enviaré de parte del Padre».

Y si el Hijo junto con el Padre envía al Espíritu Santo al mundo, por analogía parecería apropiado decir que esto refleja el orden eterno de sus relaciones. Esto no es algo en lo que podemos insistir claramente basados en un versículo específico, pero mucho de nuestra comprensión de las relaciones eter­nas entre el Padre, Hijo y Espíritu Santo vienen por analogía de lo que la Biblia nos dice en cuanto a la manera en que se relacionan a la creación en tiempo».

Es más, la formulación oriental corre el peligro de sugerir una distancia innatural entre el Hijo y el Espíritu Santo, lo que conduce a la posibilidad de que incluso en la adora­ción personal un énfasis en una experiencia más mística, inspirada por el Espíritu, se pudiera buscar a costa del descuido de una adoración racionalmente entendible de Cristo como Señor. No obstante, la controversia fue en última instancia sobre un punto de doctrina tan oscuro (esencialmente, las relaciones entre el Hijo y el Espíritu antes de la creación) que ciertamente no merecía una división en la iglesia.

e. La importancia de la doctrina de la Trinidad. ¿Por qué la iglesia se preocupó tanto por la doctrina de la Trinidad? ¿Es realmente esencial sostener la plena dei­dad del Hijo y del Espíritu Santo? Sí, lo es; porque esta enseñanza tiene implicacio­nes para la médula misma de la fe cristiana.

Primero, la expiación está en juego. Si Jesús es solo un ser creado, y no plenamente Dios, es difícil ver cómo él, una criatu­ra, pudo aguantar la total ira de Dios contra todos nuestros pecados. ¿Podría algu­na criatura, por grande que sea, de veras salvarnos?

Segundo, la justificación por la fe sola queda amenazada si negamos la plena deidad del Hijo. (Esto se ve hoy en la enseñanza de los Testigos de Jehová, que no creen en la justificación por la fe sola). Si Jesús no es plenamente Dios, tendríamos razón para dudar si en realidad pode­mos confiar en que él nos salve completamente. ¿Podríamos realmente depender plenamente en alguna criatura en cuanto a nuestra salvación?

Tercero, si Jesús no es un Dios infinito, ¿deberíamos orar a él o adorarle? ¿Quién sino un Dios infinito y omnisciente podría oír y responder a todas las oraciones de todo el pueblo de Dios? ¿Y quién sino Dios mismo es digno de adoración? En verdad, si Jesús no es más que una criatura, por grande que sea, sería idolatría adorarlo; y sin embargo el Nuevo Testamento nos ordena hacerlo (Fil.2:9-11; Ap.5:12-14).

Cuarto, si alguien enseña que Cristo fue un ser creado pero con todo el que nos salva, esta enseñanza erróneamente empieza a atribuir crédito por la salvación a una criatura y no a Dios mismo. Pero esto exalta erróneamente a la criatura antes que al Creador, algo que la Biblia jamás nos permite hacer.

Quinto, la independencia y naturaleza personal de Dios está en juego; si no hay Trinidad, no hubo relaciones interpersonales den­tro del ser de Dios antes de la creación, y, sin relaciones personales, es difícil ver cómo Dios pudiera ser genuinamente personal sin la necesidad de una creación con la cual relacionarse.

Sexto, la unidad del universo está en juego; si no hay una pluralidad perfecta y perfecta unidad en Dios mismo, no tenemos base para pensar que puede haber alguna unidad última entre los diversos elementos del universo. Claramente, en la doctrina de la Trinidad está en juego la esencia misma de la fe cristiana.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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