La Doctrina de la Trinidad – Dios en Tres Personas: La Trinidad 13

 

Continuemos.

3. El triteísmo niega que haya sólo un Dios.

Una manera posible final de intentar una reconciliación fácil de la enseñanza bíblica en cuanto a la Trinidad sería negar que haya sólo un Dios. El resultado sería decir que Dios es tres personas y cada per­sona es plenamente Dios. Por consiguiente, hay tres dioses. Técnicamente este concepto se llamaría «triteísmo».

Pocos han sostenido este concepto en la historia de la iglesia. Tiene similitudes a muchas religiones paganas antiguas que sostenían una multiplicidad de dioses. Esta percepción resultaría en confusión en la mente de los creyentes. No habría adoración, ni lealtad, ni devoción absolutas a un solo Dios verdadero. Nos pregun­taríamos a cuál Dios deberíamos darle nuestra lealtad máxima. Y, en un nivel más hondo, esta noción destruiría todo sentido de unidad última en el universo; incluso en el mismo ser de Dios habría pluralidad pero no unidad.

Aunque ningún grupo moderno aboga por el triteísmo, tal vez muchos evan­gélicos hoy sin intención tienden a una noción triteísta de la Trinidad, reconocien­do la personalidad distinta del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, pero rara vez dándose cuenta de la unidad de Dios como un ser indiviso.

 

D. ¿Cuáles son las Distinciones Entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?

Después de haber hecho este estudio somero de los errores respecto a la Trini­dad, ahora podemos pasar a preguntar si algo más se puede decir en cuanto a las distinciones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Si decimos que cada miem­bro de la Trinidad es plenamente Dios, y que cada persona participa plenamente de todos los atributos de Dios, ¿hay alguna diferencia entre las personas?

No pode­mos decir, por ejemplo, que el Padre es más poderoso o más sabio que el Hijo, ni que el Padre y el Hijo son más sabios que el Espíritu Santo, ni que el Padre existía antes del Hijo o el Espíritu Santo, porque decir algo así sería negar la plena deidad de los tres miembros de la Trinidad. Pero, ¿cuáles son, entonces, las distinciones entre las personas?

1. Las personas de la Trinidad tienen funciones primarias diferentes al relacio­narse con el mundo.

Cuando la Biblia habla de la manera en que Dios se relaciona con el mundo, tanto en la creación como en la redención, se dice que las personas de la Trinidad tienen funciones diferentes o actividades primarias diferentes. A ve­ces a esto se le ha llamado la «economía de la Trinidad», usando economía en el sen­tido antiguo que quiere decir «ordenamiento de actividades». (En este sentido, la gente solía hablar de la «economía de la familia» o «economía doméstica», refirién­dose no solo a los asuntos financieros de una familia, sino a todo el «ordenamiento de actividades» dentro de la familia). «Economía de la Trinidad» quiere decir las di­ferentes maneras en que las tres personas actúan al relacionarse con el mundo y uno con el otro por toda la eternidad.

Vemos estas funciones diferentes en la obra de la creación. Dios Padre habló las palabras creativas para hacer que el universo existiera. Pero fue Dios Hijo, el Ver­bo eterno de Dios, el que realizó estos decretos creativos (Jn.1:3, Col.1:16; Sal.33:6, 9; 1 Co.8:6; Hb.1:2). El Espíritu Santo estaba activo igualmente de una manera diferente, porque «iba y venía» sobre la faz de las aguas (Gn.1:2), aparentemente sosteniendo y manifestan­do la presencia inmediata de Dios en la creación (Sal.33:6, en donde «soplo» tal vez se debería traducir «Espíritu»; vea también Sal.139:7).

En la obra de la redención también hay funciones distintas. Dios Padre planeó la redención y envió al Hijo al mundo (Jn.3:16; Gál.4:4; Ef.1:9-10). El Hijo obedeció al Padre y realizó la redención para nosotros (Jn.6:38; Hb.10:5-7; etc.). Dios el Pa­dre no vino y murió por nuestros pecados, ni tampoco Dios el Espíritu Santo. Ese fue la obra particular del Hijo. Entonces, después que Jesús ascendió de nuevo al cielo, el Padre y el Hijo enviaron al Espíritu Santo para aplicarnos la redención.

Jesús habla del «Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre» (Jn.14:26), pero también dice que él mismo enviará al Espíritu Santo, porque dice: «Si me voy, se lo enviaré a ustedes» (Jn.16:7), y habla de un tiempo «Cuando venga el Consola­dor, que yo les enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre» (Jn.15:26).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

Lee Dios en Tres Personas: La Trinidad 14

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