La Doctrina de la Trinidad – Dios en Tres Personas: La Trinidad 15

 

Continuemos.

Cuando la Biblia habla de la creación, de nuevo habla del Padre creando por el Hijo, lo que indica una relación anterior a cuando empezó la creación (Jn.1:3; 1 Co 8:6; Hb.1:12, Pr.8:22-31). Pero en ninguna parte dice que el Hijo o el Espíritu Santo crearon a través del Padre. Estos pasajes de nuevo implican que hubo una relación del Padre (como originador) y del Hijo (como agente activo) an­tes de la creación, y que esta relación hizo apropiado que diferentes personas de la Trinidad cumplieran los papeles que cumplieron.

Por consiguiente, las diferentes funciones que vemos que realizan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son simplemente resultado de una relación eterna entre las tres personas que siempre ha existido y existirá por la eternidad. Dios siempre ha existido como tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estas distin­ciones son esenciales en la misma naturaleza de Dios, y no podría ser de otra manera.

Finalmente, se pudiera decir que no hay diferencia en deidad, atributos o natu­raleza esencial entre el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cada persona es plenamente Dios y tiene todos los atributos de Dios. Las únicas distinciones entre los miembros de la Trinidad son la manera en que se relacionan unos con otros y con la creación. En esas re­laciones desempeñan papeles que son apropiados para cada persona.

Esta verdad en cuanto a la Trinidad a veces se ha resumido en la frase «igualdad ontológica pero subordinación económica», en donde la palabra ontológica quiere decir «ser». Otra manera de expresar esto más simplemente sería decir «iguales en ser pero subordinados en función». Ambas partes de esta frase son necesarias para una doctrina verdadera de la Trinidad; si no tenemos igualdad ontológica, no to­das las personas son plenamente Dios. Pero si no tenemos subordinación econó­mica, no hay diferencia inherente en la manera en que las tres personas se relacionan entre sí, y consecuentemente no tenemos las tres personas distintas existiendo como Padre, Hijo y Espíritu Santo por toda la eternidad. Por ejemplo, si el Hijo no es eternamente subordinado al Padre en función, el Padre no es eternamente «Padre» y el Hijo no es eternamente «Hijo». Esto querría decir que la Trinidad no ha existido eternamente.

Sorprendentemente, algunos escritos evangélicos recientes han negado la subordinación eterna en fun­ción entre los miembros de la Trinidad, pero ella ha sido claramente parte de la doctrina de la Trinidad en la iglesia (en sus expresiones católica romana, protestan­te y ortodoxa), por lo menos desde Nicea (325 d.C). Por eso, Charles Hodge dice: La doctrina nicena incluye el principio de la subordinación del Hijo al Padre, y del Espíritu al Padre y al Hijo. Pero esta subordinación no implica inferioridad. La subordinación que se propone es solamente en lo que concierne al modo de subsistencia y operación.

Los credos no son nada más que un arreglo bien ordenado de las verdades de la Bi­blia que conciernen a la doctrina de la Trinidad. Defienden la personalidad distinta del Padre, Hijo y Espíritu y su perfecta igualdad consecuente; y la subordinación del Hijo al Padre, y del Espíritu al Padre y al Hijo, en cuanto a modo de subsistencia y operación. Estas son verdades bíblicas, a las cuales los credos en cuestión no aña­den nada; y es en este sentido que han sido aceptadas por la iglesia universal.

De modo similar, A. H. Strong dice: Padre, Hijo y Espíritu Santo, si bien iguales en esencia y dignidad, se distinguen uno y otro en orden de personalidad, oficio y operación… La subordinación de la persona del Hijo a la persona del Padre, o en otras palabras un orden de personalidad, oficio y operación que permite que el Padre sea oficialmen­te primero, el Hijo segundo y el Espíritu tercero, es perfectamente congruente con igualdad. La prioridad no necesariamente es superioridad. Francamente reconoce­mos una subordinación eterna de Cristo al Padre, pero mantenemos al mismo tiempo que esta subordinación es una subordinación de orden, oficio y operación, y no una subordinación de esencia.

3. ¿Cuál es la relación entre las tres personas y el ser de Dios?

Después de la ex­plicación precedente, la pregunta que queda sin resolverse es: ¿cuál es la diferencia entre «persona» y «ser» en esta consideración? ¿Cómo podemos decir que Dios es un ser indiviso, y sin embargo en este ser hay tres personas?

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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