La Doctrina de la Biblia – El Cánon de las Escrituras 10

 

Continuemos.

Sin embargo el proceso por el cual nos persuadimos de que el canon presente es correcto también recibe ayuda de la información histórica. Por supuesto, si la compilación del canon fue una parte de los actos centrales de Dios en la historia de la redención (como indicamos arriba), los cristianos de hoy no deben tener el atre­vimiento de añadir o sustraer de los libros del canon.

El proceso quedó completo hace mucho tiempo. No obstante, una investigación cabal de las circunstancias históricas que rodearon la compilación del canon es útil para confirmar nuestra convicción de que las decisiones tomadas por la iglesia primitiva fueron decisiones correctas. Algo de esta información histórica ya se ha mencionado en las páginas precedentes. Otra información, más detallada, está disponible para los que desean emprender investigaciones más especializadas.

Sin embargo se debe mencionar otro hecho histórico adicional. Hoy no existe ningún candidato fuerte para añadirse al canon ni ninguna objeción fuerte contra algún libro que ya está en el canon. De los escritos que algunos de la iglesia primiti­va quisieron incluir en el canon, es seguro decir que ninguno de los evangélicos del día presente lo querrían incluir. Algunos de los escritores más tempranos se distin­guieron muy claramente de los apóstoles, y sus escritos de los escritos de los após­toles. Ignacio, por ejemplo, alrededor del 110 D.C. dijo: «No les ordeno como les ordenó Pedro y Pablo: ellos fueron apóstoles y yo soy un convicto; ellos eran libres, y yo hasta ahora soy esclavo» (Ignacio, A los romanos 4.3; compare la actitud hacia los apóstoles en 1º Clemente 42.1, 2; 44:1-2 (95 d.C.); Ignacio, A los magnesianos 7:1; 13:1-2; et al.).

Incluso los escritos que por un tiempo algunos pensaban que merecían que se los incluyera en el canon contienen enseñanza doctrinal contradictoria al resto de las Escrituras. «El Pastor» de Hermas, por ejemplo, enseña «la necesidad de la peni­tencia» y «la posibilidad de perdón de pecados por lo menos una vez después del bautismo…. El autor parece identificar al Espíritu Santo con el Hijo de Dios antes de la encamación, y sostener que la Trinidad surgió sólo después de que la huma­nidad de Cristo había sido llevada al cielo» (Oxford Dictionary of the Christian Church, p. 641).

El Evangelio de Tomás, que algunos por un tiempo sostuvieron que pertenecía al canon, termina con la siguiente afirmación absurda (par.114):

“Simón Pedro les dijo: «Dejen que María se vaya de nosotros, porque las mujeres no merecen vivir». Jesús dijo: He aquí, yo la guiaré, para poder hacerla varón, para que ella también pueda llegar a ser un espíritu viviente, parecido a ustedes varones. Porque toda mujer que se hace a si misma varón entrara en el remo de los cielos”.

Todos los otros documentos existentes que en la iglesia primitiva tuvieron al­guna posibilidad de que se los incluyera en el canon son similares a éstos en que bien contienen renuncias explícitas de status canónico o incluyen alguna aberra­ción doctrinal que claramente los hace indignos de que se los incluya en la Biblia.

Por otro lado, no hay ninguna objeción fuerte contra ningún libro que al pre­sente consta en el canon. En el caso de varios libros del Nuevo Testamento que se demoraron en obtener la aprobación de la iglesia entera (libros tales como 2º Pedro o 2º y 3º Juan), mucha de la vacilación inicial en cuanto a incluirlos se puede atribuir al hecho de que al principio no circularon ampliamente, y que el conocimiento to­tal del contenido de todos los escritos del Nuevo Testamento se esparció por la iglesia más bien lentamente.

La vacilación de Martin Lutero en cuanto a Santiago es muy entendible en vista de la controversia doctrinal en que estaba involucrado, pero tal vacilación no fue ciertamente necesaria. Lo que parece ser conflicto doctrinal con la enseñanza de Pablo se resuelve fácilmente una vez que se reconoce que Santiago está usando tres términos clave, justificación, fe y obras en sentidos di­ferentes a los que Pablo los usa.

Hay, por consiguiente, confirmación histórica de la corrección del canon pre­sente. Sin embargo se debe recordar en conexión con cualquier investigación histórica que el propósito de la iglesia primitiva no era otorgar autoridad divina o incluso autoridad eclesiástica a escritos meramente humanos, sino más bien reconocer la característica de autoría divina de escritos que ya tenían tal calidad. Esto se debe a que el criterio supremo de la canonicidad es la autoría divina, no la aprobación humana o eclesiástica.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

Lee El Cánon de las Escrituras 11

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