La Doctrina de la Biblia – El Cánon de las Escrituras 11

 

Continuemos.

En este punto alguien pudiera hacer una pregunta hipotética en cuanto a qué haríamos si se descubriera, por ejemplo, alguna epístola de Pablo. ¿Se añadiría a las Escrituras? Esta es una pregunta difícil, porque intervienen dos consideraciones conflictivas. Por un lado, si una gran mayoría de los creyentes se convencieran de que en verdad fue una epístola paulina auténtica, escrita por Pablo en el curso de su oficio apostólico, la naturaleza de la autoridad apostólica de Pablo garantizaría que el escrito es palabra de Dios (tanto como las de Pablo), y que su enseñanza es congruente con el resto de las Escrituras. Pero el hecho de que no fue preservada como parte del canon indicaría que no estuvo entre los escritos que los apóstoles querían que la iglesia preservara como parte de las Escrituras. Es más, se debe de­cir de inmediato que tal pregunta hipotética es simplemente eso: hipotética.

Es excepcionalmente difícil imaginar qué clase de información histórica se podría descubrir que pudiera demostrar convincentemente a la iglesia como un todo que una carta perdida por más de 1900 años fue de la autoría genuina de Pablo, y toda­vía más difícil entender cómo nuestro Dios soberano pudo haber cuidado fielmen­te a su pueblo por más de 1900 años y con todo permitir que estuvieran privados continuamente de algo que él propuso que tuvieran como parte de su revelación final de sí mismo en Jesucristo. Estas consideraciones hacen altamente improbable que un manuscrito así se descubra en algún momento en el futuro, y que una pregunta hipotética como esa en realidad no merece ninguna otra consideración seria.

En conclusión, ¿hay algún libro en nuestro canon actual que no debería estar allí? No. Podemos apoyar nuestra confianza respecto a este hecho en la fidelidad de Dios nuestro Padre, que no guiaría a todo su pueblo por casi 2000 años a tener como palabra suya algo que no lo es. Y hallamos nuestra confianza repetidamente confirmada tanto por la investigación histórica y por la obra del Espíritu Santo al capacitamos para oír la voz de Dios de una manera única al leer de cada uno de los sesenta y seis libros en el canon presente de las Escrituras.

Pero, ¿hay algún libro que falta, libro que se debería haber incluido en las Escri­turas pero que no se lo incluyó? La respuesta debe ser no.

En toda la literatura co­nocida no hay ningún candidato que siquiera se acerque a las Escrituras cuando se da consideración a su congruencia doctrinal con el resto de las Escrituras y al tipo de autoridad que afirma tener (tanto como la manera en que esas afirmaciones de autoridad han sido recibidas por otros creyentes). De nuevo, la fidelidad de Dios a su pueblo nos convence de que nada falta en las Escrituras que Dios piense que ne­cesitamos saber para obedecerle y confiar en él plenamente.

El canon de las Escri­turas hoy es exactamente lo que Dios quería que fuera, y se quedará de esa manera hasta que Cristo vuelva.

Preguntas de Aplicación Personal.

1. ¿Por qué es importante para su vida cristiana saber cuáles escritos son pala­bras de Dios y cuáles no lo son? ¿Cómo sería diferente su relación con Dios si tuviera que buscar sus palabras esparcidas entre todos los escritos de los cristianos a través de toda la historia de la iglesia? ¿Cómo sería diferente su vida cristiana si las palabras de Dios estuvieran contenidas no sólo en la Bi­blia, sino también en las declaraciones oficiales de la iglesia a través de la his­toria?

2. ¿Ha tenido usted alguna duda o preguntas en cuanto a la canonicidad de al­gún libro de la Biblia? ¿Qué motivó esas preguntas? ¿Qué debe hacer uno para resolverlas?

3. Mormones, Testigos de Jehová y miembros de otras sectas han aducido re­velaciones de Dios en el día presente que ellos consideran iguales a la Biblia en autoridad. ¿Qué razones puede dar usted para indicar la falsedad de esas afirmaciones? En la práctica, ¿tratan esas personas a la Biblia como con igual autoridad igual a la de esas otras «revelaciones»?

4. Si usted nunca ha leído alguna parte de los apócrifos del Antiguo Testamen­to, tal vez quiera leer algunas secciones. ¿Piensa usted que puede confiar en esos escritos de la misma manera en que confía en la Biblia? Compare los efectos de estos escritos sobre usted y el efecto de la Biblia sobre usted. Tal vez usted quiera hacer una comparación similar con algunos escritos de una colección de libros llamados los apócrifos del Nuevo Testamento, o tal vez del Libro de Mormón o el Corán. ¿Es el efecto espiritual de estos escritos sobre su vida positivo o negativo? ¿Cómo se compara eso con el efecto espiritual que la Biblia ejerce sobre su vida?

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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