La Doctrina de la Biblia – El Cánon de las Escrituras 4

 

Continuemos.

Es digno de notarse aquí que Melitón no menciona ninguno de los libros apócrifos, pero si incluye todos los libros de nuestros libros del Antiguo Testamento actual excepto Ester Eusebio también cita a Orígenes respaldando la mayoría de los li­bros de nuestro presente canon del Antiguo Testamento (incluyendo Ester), pero no presenta ningún libro de los apócrifos como canónico, y de los libros de los Ma­cabeos explícitamente se dice que están «fuera de estos (libros canónicos)».

En forma similar, en el 367 D.C, cuando el gran líder de la iglesia Atanasio, obispo de Alejandría, escribió su Cana Pascual, hizo una lista de todos los libros de nuestro canon presente del Nuevo Testamento y de todos los libros de nuestro canon pre­sente del Antiguo Testamento excepto Ester. También mencionó algunos libros de la apócrifa tales como la Sabiduría de Salomón, la Sabiduría de Sirac, Judit y To­bías, y dijo que estos «en verdad no estaban incluidos en el canon, pero los padres los señalaban para que los leyeran los que se unían recientemente a nosotros, y que desean instrucción en la palabra de santidad». Sin embargo, otros dirigentes de la iglesia primitiva en efecto citaron varios de estos libros como Escrituras.

Hay incongruencias doctrinales históricas en varios de estos libros. E.J. Young anota: “No hay marcas en estos libros que atestigüen un origen divino. … Judit y Tobías contienen errores históricos, cronológicos y geográficos Estos libros justifican la falsedad y el engaño, y hacen que la salvación dependa de obras de mérito.

Eclesiástico y Sabiduría de Salomón inculcan una moralidad basada en la conveniencia.

Sabiduría enseña la creación del mundo con materia preexistente (Sab.11.17).

Eclesiástico enseña que dar limosnas hace expiación por el pecado (Eclesiástico 3.30).

En Baruc se dice que Dios oye las oraciones de los muertos (Baruc 3:4). 

En 1º Maca­beos hay errores históricos y geográficos”.

No fue sino hasta 1546, en el concibo de Trento, que la Iglesia Católica Romana oficialmente declaró que los apócrifos eran parte del canon (con excepción de 1 y 2 Esdras, y la Oración de Manases). Es significativo que el concilio de Trento fue la respuesta de la Iglesia Católica Romana a las enseñanzas de Martín Lutero y la Re­forma Protestante que se extendía rápidamente, y los libros de la Apócrifa conte­nían respaldo para la enseñanza católica de las oraciones por los muertos y la justificación por fe más obras, y no por fe sola.

Al ratificar a los apócrifos como dentro del canon, los católicos romanos podían sostener que la iglesia tiene la au­toridad de declarar una obra literaria como «Escrituras», en tanto que los protes­tantes habían sostenido que la iglesia no puede hacer que algo se considere Escrituras, sino que sólo puede reconocer lo que Dios ya ha hecho que se escriba como sus propias palabras.

Una analogía aquí sería decir que un investigador po­licial puede reconocer dinero falsificado como falsificado y puede reconocer el di­nero genuino como genuino, pero no puede hacer que el dinero falsificado sea genuino, ni puede ninguna declaración de ningún número de policías hacer que el dinero falsificado sea algo que no es. Sólo la tesorería oficial de una nación puede hacer dinero que sea dinero de verdad; de manera similar, solo Dios puede hacer que las palabras sean palabras suyas y dignas de incluirse en las Escrituras.

Así que los escritos de los apócrifos no se deben considerar como parte de las Escrituras:

1. Ninguno de ellos afirma tener la misma clase de autoridad que te­nían los escritos del Antiguo Testamento.

2. Los judíos, de quienes ellos se origina­ron, no los consideraban palabras de Dios.

3. Ni Jesús ni los autores del Nuevo Testamento los consideraban Escrituras.

4. Contienen enseñanzas incongruen­tes con el resto de la Biblia. Debemos concluir que son solo palabras humanas, y no palabras inspiradas por Dios como las palabras de las Escrituras. Tienen valor para la investigación histórica y lingüística, y contienen una cantidad de relatos útiles en cuanto al valor y la fe de muchos judíos durante el periodo posterior a la conclu­sión del Antiguo Testamento, pero nunca han sido parte del canon del Antiguo Testamento, y no se les debe considerar parte de la Biblia. Por consiguiente, no tienen ninguna autoridad obligatoria para el pensamiento o vida de los cristianos hoy.

En conclusión, con respecto al canon del .Antiguo Testamento, los cristianos de hoy no tienen por qué preocuparse que algo se haya dejado fuera, ni de que se haya incluido algo que no sea palabra de Dios.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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