La Doctrina de la Biblia – El Cánon de las Escrituras 5

 

Continuemos.

B. El Canon del Nuevo Testamento.

El desarrollo del canon del Nuevo Testamento empieza con los escritos de los apóstoles. Hay que recordar que la escritura de las Escrituras primordialmente ocurre en conexión con los grandes actos de Dios en la historia de la redención.

El Antiguo Testamento registra e interpreta para nosotros el llamamiento de Abraham y la vida de sus descendientes, el éxodo de Egipto y el peregrinaje por el desierto, el establecimiento del pueblo de Dios en la tierra de Canaán, el estableci­miento de la monarquía, y la deportación y el regreso del cautiverio. Cada uno de estos grandes actos de Dios en la historia se interpreta para nosotros en las propias palabras de Dios en las Escrituras.

El Antiguo Testamento cierra con la expectativa del Mesías que vendría (Mal.3:1-4: 4:1-6). La siguiente etapa en la historia de la re­dención es la venida del Mesías, y no es sorpresa que no hubieran Escrituras adicio­nales mientras no tuviera lugar el siguiente y más grandioso suceso en la historia de la redención.

Por eso el Nuevo Testamento consiste de los escritos de los apóstoles. Es primordialmente a los apóstoles a quienes el Espíritu Santo les da la capacidad de recordar con precisión las palabras y obras de Jesucristo, e interpretarlas correc­tamente para las generaciones subsiguientes.

En Juan 14:26, Jesús les prometió a sus discípulos este poder (a los que se les lla­mó apóstoles después de la resurrección): «Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recor­dar todo lo que les he dicho».

De modo similar, Jesús prometió más revelación de verdad de verdad del Espíritu Santo cuando les dijo a sus discípulos: «Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta sino que dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir. El me glorificará porque tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes» (Jn.16:13-14).

En estos versículos a los discípulos se les promete dones asombrosos que los capacitarán para escribir las Escrituras: el Espíritu Santo les enseñaría «toda la verdad», les haría recordar «todo» lo que Jesús había dicho y los guiaría a «toda la verdad».

Además, a los que tenían el oficio de apóstol en la iglesia primitiva se les ve afir­mando que tenían una autoridad igual a la de los profetas del Antiguo Testamento, autoridad para hablar y escribir palabras que eran palabras del mismo Dios. Pedro anima a sus lectores a recordar «el mandamiento que dio nuestro Señor y Salvador por medio de los apóstoles» (2º P.3:2). Mentir a los apóstoles (Hch.5:2) equivale a mentir al Espíritu Santo (Hch.5:3) y mentir a Dios (Hch.5:4).

Esta afirmación de ser capaces de hablar palabras que eran palabras de Dios mismo es especialmente frecuente en los escritos del apóstol Pablo. Él afirma no sólo que el Espíritu Santo le ha revelado lo que «ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman» (1º Co.2:9), sino que también cuando declara esta revelación la habla «no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino enseñadas por el Espíritu, interpretando las cosas espirituales con palabras espirituales» (1º Co.2:13).

De modo similar, Pablo les dice a los corintios: «Si alguno se cree profeta o espi­ritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor» (1º Co.14:37). La palabra que se traduce «esto que» en este versículo es un pronombre relativo plural en griego (ja) que se podría traducir más literalmente «las cosas que les escribo». De este modo Pablo afirma que sus directivas a la iglesia de Corinto no son meramen­te de su propia cosecha sino un mandamiento del Señor.

Más adelante, al defender su oficio apostólico Pablo dice que les dará a los corintios «una prueba de que Cristo habla por medio de mí» (2º Co.13:3). Otros versículos similares se podrían mencionar (Ro.2:16; Gál.1:8-9; 1º Ts.2:13; 4:8, 15; 5:27; 2º Ts.3:6,14).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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