La Doctrina de la Biblia – El Cánon de las Escrituras 8

 

Continuemos.

Tampoco se debe tener como improbable que la iglesia pudiera haber usado este proceso a lo largo de un periodo de tiempo —conforme los escritos circulaban por varias panes de la iglesia primitiva— y finalmente llegara a una decisión completamente conec­ta, sin excluir ningún escrito que fue en efecto «inspirado por Dios» y sin incluir ninguno que no lo fue.

En el 367 D.C. la trigésima novena cana pascual de Atanasio contenía una lista exacta de los veintisiete libros del Nuevo Testamento que tenemos hoy. Esta era la lista de libros aceptados por las iglesias en la parte oriental del mundo mediterráneo. Treinta años más tarde, en el 397 D.C, el concilio de Cartago, representando a las iglesias en la parte occidental del mundo mediterráneo, concordó con las igle­sias orientales respecto a la misma lista. Estas son las listas finales más tempranas de nuestro canon del día presente.

¿Deberíamos esperar que se añada algún otro escrito al canon? La frase que abre Hebreos pone esta cuestión en la perspectiva histórica apropiada, la perspec­tiva de la historia de la redención: «Dios, que muchas veces y de varias maneras ha­bló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A éste lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo» (Heb.1:1-2).

En contraste entre el hablar anterior «en otras épocas» por los profetas y el re­ciente hablar «en estos días finales» sugiere que el hablar de Dios a nosotros por su Hijo es la culminación de su hablar a la humanidad y es la revelación más grande y final a la humanidad en este periodo de la historia de la redención.

La grandeza excepcional de la revelación que viene por el Hijo excede con mucho cualquier re­velación del antiguo pacto, y se recalca vez tras vez en los capítulos 1 y 2 de He­breos. Estos hechos indican que hay una finalidad en la revelación de Dios en Cristo, y que una vez que esa revelación ha quedado completa, no se debe esperar más.

Pero, ¿dónde aprendemos en cuanto a esta revelación por medio de Cristo? Los escritos del Nuevo Testamento contienen la interpretación final, autoritativa y su­ficiente de la obra de Cristo en la redención Los apóstoles y sus compañeros más íntimos informan las palabras y obras de Cristo y las interpretan con autoridad di­vina absoluta.

Cuando terminaron sus escritos, nada más hay que añadir con la misma autoridad divina absoluta. Así que una vez que los escritos de los apóstoles del Nuevo Testamento y sus compañeros autorizados quedaron completos, tene­mos en forma escrita el registro final de todo lo que Dios quiere que sepamos en cuanto a la vida, muerte y resurrección de Cristo, y su significado para la vida de los creyentes de todos los tiempos.

Puesto que ésta es la más grande revelación de Dios para la humanidad, no se debe esperar más una vez que esto quedó comple­to. De esta manera, entonces. Hebreos 1:1-2 nos muestra por qué no se deben añadir más escritos a la Biblia después de los tiempos del Nuevo Testamento. El canon ya está cerrado.

Una consideración de tipo similar se puede derivar de Apocalipsis 22:18-19: “A todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro le advierto esto: Si alguno le añade algo. Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. Y si alguno quitare palabras de este libro de profecía. Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro”.

La referencia primaria de estos versículos es claramente al mismo libro de Apocalipsis porque Juan se refiere a su escrito como «palabras de este libro de profe­cía» en el versículo 7 y 10 de este capítulo (y al libro entero se le llama profecía en Ap.1:3). Es más, la referencia al «árbol de la vida y la ciudad santa, descritos en este libro» indica que se refiere al mismo libro de Apocalipsis.

No es accidente, sin embargo, que esta afirmación venga al final del último ca­pítulo de Apocalipsis, y que Apocalipsis sea el último libro en el Nuevo Testamen­to, De hecho, Apocalipsis tuvo que ser colocado en último lugar en el canon.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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