La Doctrina de la Sangre – El Sacrificio de Cristo Como Redención 1

 

Pasajes claves: Efesios 1:1-7, Filipenses 2:5-14.

 

1. LA REDENCION REPRESENTA LA OBRA DE LA CRUZ DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL PRECIO QUE HUBO QUÉ PAGAR PARA RESCATAR AL HOMBRE.

A. La redención tiene por objeto a un esclavo. Su propósito es liberarlo. La redención es la gran obra que Dios ha hecho para destruir los efectos del pecado. En nuestro mundo la palabra «redención» no es; una palabra común, y por lo general la gente ignora su significa­do. En el mundo antiguo, cuando la Biblia fue escrita y cuando esta carta fue dirigida a los efesios, la palabra reden­ción tenía significado. El mundo antiguo estaba plagado de guerras, y lleno de esclavos. Cuando un pueblo vencía a otro, tomaba prisioneros; estos prisioneros podían ser enviados al mercado de esclavos y, bajo ciertas condiciones, las leyes antiguas preveían la posibilidad de que un esclavo fuera redi­mido, fuera rescatado y sacado del mercado. Redimir signifi­ca entonces rescatar, mediante el pago de un precio.

 

B. La redención de que habla la Biblia es un acto de Dios, por el cual Dios mismo paga, como rescate, el precio que exi­ge su santidad debido al ultraje inferido por el pecado del hombre. Rescatar al hombre del pecado ha significado para Dios un costo elevadísimo, el costo de la vida y la muerte de Cristo.

La redención es el gran tema de toda la Revelación, por la cual el creyente ha sido rescatado de la culpa del pecado y de las consecuencias eternas del pecado. La redención tiene que ver también con hechos futuros que incluyen la re­dención final de nuestros cuerpos. Pero abarca también una parte de la obra de Dios que ya ha comenzado en nosotros: comprende el rescate de la presencia del pecado en nuestra vida.

 

C. El significado de la redención se alcanza a percibir mejor cuando se tiene en cuenta lo que Cristo tuvo que venir a ser para constituirse en Redentor. La encarnación signifi­có para Cristo un despojamiento divino. Cristo se desprendió de la forma de Dios» se despojó a sí mismo, y pasó de un es­tado de gloria a un estado de humillación. Con esto Cristo vino a cumplir una de las condiciones que debía cumplir pa­ra poder ser Redentor, y era que el precio que debía, pagar, la ofrenda que debía ofrecer, tenía que ser voluntaria.

Este despojamiento de Cristo no fue un despojamiento absoluto de los atributos divinos, porque está escrito que en El habita toda la plenitud de la deidad corporalmente. En esto consistió la Encarnación: la deidad quedó Integra, en todas sus partes, pero subsistió en la forma humana. La vida de Jesucristo continuó siendo sobre la tierra la vida de Dios, pero fue un despojamiento divino. ¿Para qué? Para los fines de la redención.

Cristo se despojó a sí mismo para poder ser nuestro Redentor. Pudo tomar la forma humana porque la personalidad humana contiene algunos elementos esenciales de la personalidad divina. La conciencia de sí mismo que el hombre tiene, es semejante a la conciencia de sí mismo que Dios tiene. La inteligencia que Dios le dio, los sentimientos, la naturaleza moral del hombre y la voluntad del hombre, son todos rasgos de su personalidad, que aún bajo el pecado no ha perdi­do por completo, y por el hecho de que el hombre tenía y tiene ciertos elementos semejantes a la personalidad de Dios, la forma humana pudo albergar al ser eterno. Por este medio Cristo cumplió la condición más importante que se requería para ser Redentor, que era la condición de que tenía que ser un pariente cercano de la víctima, de la persona que iba a ser redimida.

(CONTINÚA…)

Extracto del artículo “La Doctrina Bíblica Sobre la Sangre”

Por Horacio A. Alonso

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