La Doctrina de la Sangre – El Sacrificio de Cristo Como Redención 5

 

Continuemos.

La sangre asegura el perdón; la sangre asegura la pureza, la limpieza del cristiano que quiere vivir junto a Dios. Es la misma sangre que asegura el acceso permanente ante Dios. La confesión del cristiano tiene que renovarse en todo el curso de su vida por la importantísima razón de que su comunión no debe ser interrumpida. La comunión del cristiano tiene que ser uno de los objetivos supremos de la vida, por la importante razón de que su comunión con Dios no debe ser interrumpida, y por la importante razón de que su paz no de be ser turbada. Este es uno de los pasos más importantes que el creyente tiene que dar.

 

F. El creyente tiene que darse cuenta, además, que todo acto de redención se realiza con poder. Podemos mirar allí en el libro del Éxodo, uno de los más grandes acontecimientos redentores de la Biblia, cuando Dios, con su poder, sacó a Israel de Egipto, Con mucha frecuencia, con reiteración te­naz, Dios le dice que lo ha sacado por su poder. Y le enseña más; le enseña que por esa razón Israel puede depender en el desierto del mismo Dios. Sin entrar al detalle de este asun­to digamos que podemos depender de Cristo porque El es Dios Todopoderoso.

 

3. LA REDENCION ES EL ACTO POR EL CUAL CRISTO NOS HA HE­CHO SUYOS.

A. Nosotros tenemos la tendencia, que nos parece natural, a pensar en los redimidos; sin embargo, el paso más importante es darnos cuenta que de la redención es el acto por el cual Cristo nos ha hecho suyos. Cristo nos; ha comprado, y no para transferir nuestra esclavitud de un amo a otro.

En la antigüedad se podía comprar un esclavo en el mercado, sacarlo de un dueño y volver a ponerlo bajo la servidumbre de otro amo. Pero Cristo nos ha comprado para dar­nos libertad. Nos queda a nosotros el privilegio de hacernos voluntariamente siervos de Cristo. Me temo que esta expre­sión «siervo de Cristo» me queda muy grande, a menos que voluntariamente le entregue mi vida. Cristo nos ha comprado para darnos libertad, y nos queda a nosotros el privilegio, por un acto por decisión personal, de hacernos siervos de Él.

 

B. Porque hemos sido comprados por precio debemos glorificar a Dios, y esto en nuestros cuerpos. La glorificación de Dios de que habla la Biblia, no es un asunto para después de la muerte solamente. Gracias a Dios está escrito que allí en la eternidad «sus siervos le servirán». Es de temer que para algunos de nosotros eso es lo único que se podrá decir: que allí le serviremos.

Pero cuando el apóstol dice que hemos sido compra­dos al precio de la sangre de Cristo, agrega que tenemos que glorificar a Dios y esto en nuestros cuerpos. Esto significa seguramente usar nuestros cuerpos de tal modo que sé verifi­que que también ellos, nuestros cuerpos, pertenecen a Dios. El gran hecho de la compra establece que nosotros; ya no nos pertenecemos a nosotros mismos. Sí, la redención es la gran obra que Dios ha hecho para destruir los efectos del pecado.

La sangre derramada indica que el hecho eterno de la cruz, ordenado por Dios, debe establecer los derechos de Dios sobre toda vida humana. La sangre derramada por Cristo restablece los derechos de Dios. El hecho de la «cruz, es Un hecho eterno; tiene alcances eternos. Nosotros podemos mi­rar a la cruz y ver lo qué ha pasado con nuestros pecados. Cuando miramos para atrás, y podemos mirar a la cruz, nos podemos dar cuenta de qué es lo que Dios quiere para el fu turo. Lo que Dios quiere para el futuro es que reconozcamos los derechos que Cristo ganó sobre nosotros».

El corazón del mensaje bíblico no es solamente destacar que hemos sido redimidos de la servidumbre del pecado; en el corazón del mensaje de la Biblia está también el con­cepto de que algo le ha sido restaurado al Redentor. Algo le ha sido restaurado a Dios. Dios ha pagado un precio y por el hecho de que Dios ha pagado un precio, Dios ha rescatado al­go para sí, para El mismo. De modo que Cristo no ha ido al mercado de esclavos para cambiar una esclavitud, por otra.

(CONTINÚA…)

Extracto del artículo “La Doctrina Bíblica Sobre la Sangre”

Por Horacio A. Alonso

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