Doctrina Bíblica – Idolatría

 

Dios Exige una Fidelidad Total

Pasaje clave: Oseas 2:13

Aunque sólo hay un Dios y sólo una fe verdadera, la que se enseña en La Biblia: nuestro mundo apóstata (Ro­manos 1:18-25) siempre ha estado repleto de religiones, y el secular impulso hacia el sincretismo, por medio del cual hay aspectos de una religión que son asimilados por otra: cambiándolas así a ambas, sigue estando en medio de nosotros. Ciertamente, ha sido revivido de manera sorprendente en nuestros tiempos por medio de la renovación de la búsqueda académica de una unidad trascendente de las religiones y el florecimiento de la popular amalgama de ideas orientales y occidentales que se da a sí misma el nombre de “Nueva Era».

La presión en este punto no es nueva. Después de haber ocupado Canaán, Israel tuvo constantemente ante sí la tentación de absorber los cultos cananeos de los dioses y diosas de la fertilidad, incorporándolos al culto de Yahvé, y hacer imágenes del propio Yahvé, actuaciones ambas prohibidas por la Ley (Éxodo 20:3-6).

El principio espiritual en cuestión era el de que los israelitas recordaran que Yahvé, el Dios que había hecho un pacto con ellos, era totalmente suficiente para ellos, y exigía además su fidelidad exclusiva, de tal forma que la adoración a otros dioses constituía un adulterio espiritual (jeremías 3; Ezequiel 16; Oseas 2). Era una prueba en la que fracasó notablemente la nación entera.

El sincretismo también era algo extendido y aceptado en el imperio romano del siglo 1, en el cual abundaba tanto el politeísmo y florecían todo tipo de cultos. Los maestros cristianos lucharon a brazo partido para impedir que La fe fuera asimilada por el gnosticismo (un tipo de teosofía que no les encontraba sentido a la encarnación y la expiación, puesto que veía el problema del ser humano como un problema de ignorancia, no de pecado), y más tarde por el neoplatonismo y el maniqueísmo, los cuales veían la salvación, al igual que el gnosticismo, sobre todo como cuestión de desprenderse del mundo físico. Tuvieron un éxito relativo en sus enfrenta miemos, y los formulaciones clásicas de los credos acerca de la Trinidad y la Encarnación forman par­te de su legado permanente.

Las Escrituras son severas con respecto a la maldad de las prácticas idolátricas. Se burla de Los ídolos como entidades falsas y engañosas (Salmo 115:4-7; Isaías 44:9-20) que sin embargo esclavizan a sus adoradores a una ciega superstición (Isaías 44:20) que constituye una infidelidad con respecto a Dios (Jeremías 2). Pablo añade que los demonios obran por medio de los ídolos, conviniéndolos en una verdadera amenaza espiritual, cuyo contacto lo único que puede hacer es corromper (1 Corintios 8:4-6; 10:19-21).

En nuestra cultura occi­dental postcristiana, que está dispuesta a llenar el vacío espiritual que siente la gente a base de mirar con in­dulgencia al sincretismo, la brujería y los experimentos con el ocultismo, es necesario que nos tomemos muy en serio las advertencias bíblicas acerca de la idolatría (1 Corintios 10:14; 1 Jn.5:19-21).

Extracto del libro “Teología Concisa”

Por J.I. Packer

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