Doctrina Bíblica – La Existencia de Sí Mismo

 

Dios Siempre Ha Sido

Pasaje clave: Salmo 90:2.

Los niños preguntan a veces: «¿Quién hizo a Dios?» La respuesta más clara consiste en decirles que nunca fue necesario hacer a Dios, porque Él siempre ha existido. El existe de una forma distinta a la nuestra: nosotros, sus criaturas, existimos de una manera frágil, finita, derivada y dependiente, pero nuestro Hacedor existe de una manera necesaria, eterna, en la que se sostiene a sí mismo, necesaria, esto es, en el sentido de que Dios no tiene en si esta posibilidad de dejar de existir, así como nosotros no tenemos en nuestro ser la de vivir para siempre. Es necesario que envejezcamos y muramos, porque forma parte de nuestra naturaleza actual que nos suceda esto; en cambio, Dios continúa inmutable para siempre, de manera necesaria, porque forma parte de su naturaleza el que sea así. Este es uno de los numerosos contrastes entre la criatura y el Creador.

La existencia de Dios en sí mismo es una verdad básica. Al comenzar su presentación del Dios desconocido ante los idólatras atenienses, Pablo les explicó que este Dios, el Creador del mundo, «no es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas» (Hechos 17:23-25). Tanto en las religiones tribales de hoy, como en la Atenas de la antigüedad, el pensamiento es el mismo: los sacrificios ofrecidos a los ídolos son una forma de mantener vivo a su dios; en cambio, el Creador no necesita de ningún sistema de apoyo como éste. Los teólogos crearon la palabra aseidad que significa que Él tiene vida en sí mismo y extrae de su propio ser su inagotable energía (en latín, a se significa «de sí mismo»), para expresar esta verdad que La Biblia presenta de manera clara (Salmos 90:1-4; 102:25-27; Isaías 40:2S-31; Juan 5:26; Apocalipsis 4:10).

En teología, son innumerables los errores que se originan de la suposición de que las condiciones, certezas y límites de nuestra propia existencia finita se aplican también a Dios. La doctrina de su aseidad se levanta como baluarte contra todos estos errores. En nuestra vida de fe, nos es fácil empobrecernos a base de abrazar una idea de Dios demasiado limitada y pequeña, y una vez más, la aseidad se levanta como baluarte para impedir que esto suceda. Es vital para nuestra salud espiritual que creamos que Dios es grande (cf. Salmo 95:1­7), y captar la verdad de su aseidad es el primer paso en el camino para lograrlo.

Extracto del libro “Teología Concisa”

Por J.I. Packer

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