Doctrina Bíblica – Sabiduría

 

 La Voluntad de Dios es una Sola

Pasaje clave: Daniel 2:22

En las Escrituras, la palabra «sabiduría1» se refiere a escoger como meta los fines mejores y más nobles, junto con los medios más adecuados y eficaces para llegar a ellos. La sabiduría humana aparece en los Libros sapien­ciales del Antiguo Testamento (Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares, donde se nos indi­ca cómo sufrir, orar, vivir, disfrutar y amar respectivamente) y en la epístola de Santiago (que exige una con­ducta cristiana constante): significa hacer del “temor” de Dios, es decir, de la adoración reverente y el servi­cio dirigido a El, nuestra meta (Proverbios 1:7; 9:10; Eclesiastés 12:13) y cultivar la prudencia, la fortaleza, la paciencia y el celo como medios para lograrlo.

Vemos La sabiduría de Dios en sus obras de creación, conserva­ción y redención: está en el hecho de que haya tomado su propia gloria como meta (Salmo 46:10; Isaías 42:8; 48:11), y su decisión de alcanzarla en primer lugar creando una maravillosa variedad de cosas y personas (Salmo 104:24; Proverbios 3:19-20), en segundo lugar, por bondadosas manifestaciones providenciales de todo tipo (Salmo 145:13-16; Hechos 15:17), y en tercer lugar por la «sabiduría» redentora de «Cristo crucifi­cado» (1 Corintios 1:18-2:16) y la Iglesia mundial resultante (Efesios 3:10).

La manifestación de la sabiduría de Dios comprende la expresión de su voluntad en los dos sentidos que tiene esta frase:

En el sentido primero y más fundamental, la voluntad de Dios es su decisión o decreto acerca de lo que va a suceder: «su propósito eterno, según el consejo de su voluntad, por medio del cual, para su propia gloria, Él había pre ordenado todo cuanto llegue a suceder» (Catecismo Breve de Westminster, F. 7). Esta es la voluntad de Dios con respecto a los acontecimientos, de la que se habla en Efesios 1:11.

En el segun­do sentido, la voluntad de Dios es su mandato; es decir, su instrucción, dada en las Escrituras, con respecto a lo que deben hacer o evitar los seres humanos: en ocasiones se la llama voluntad preceptiva (véanse Romanos 12:2; Efesios 5:17; Colosenses 1:9; 1 Tesalonicenses 4:3-6). Algunas de sus exigencias están enraiza­das en su personalidad santa, que nosotros debemos imitar: así son los principios del Decálogo y los dos gran­des mandamientos (Éxodo 20:1-17; Mateo 22:37-40; Efesios 4:32—5:2). Otras exigencias dependen senci­llamente del hecho de que son de institución divina: así eran la circuncisión y las leyes del Antiguo Testamento con respecto a los sacrificios y la pureza, y así son hoy el bautismo y la Santa Cena. No obstante, todos obligan por igual a la conciencia, y el plan de Dios sobre los acontecimientos incluye las «buenas obras» de obediencia que han de realizar aquéllos que crean (Efesios 2:10).

Algunas veces es difícil creer que una costosa obediencia, que nos pone en desventaja con respecto al mundo (como suele suceder con la obediencia leal a Dios), forme parte de un plan predestinado para promo­ver tanto la gloria de Dios como nuestro propio bien (Romanos 8:28). No obstante, debemos glorificar a Dios, creyendo que así son las cosas, y que un día veremos que es cierto, porque su sabiduría es suprema y nunca falla. Dar a conocer su voluntad preceptiva, y gobernar las respuestas que dé a ella el libre albedrío humano, es uno de los medios por los cuales Dios realiza su voluntad en los sucesos, aun cuando la respuesta sea de incredulidad y desobediencia.

Pablo ilustra esto cuando les dice a los romanos que la incredulidad de Israel tiene su lugar en el plan de Dios para la extensión del Evangelio (Romanos 11:11-15, 25-32): algo que, al darse cuenta, hace exclamar: «Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios… A él sea la gloria por los siglos. Amén» (vs.33, 36). Que sea éste también nuestro clamor.

Extracto del libro “Teología Concisa”

Por J.I. Packer

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre