Doctrina Bíblica – Cristo Murió Para Alcanzar su Gozo y el Nuestro

 

Pasaje clave: Hebreos 12:2.

 

El camino que conduce al gozo es un camino duro. Es duro para nosotros, y fue duro para Jesús. Le costó la vida. Y puede costárnosla a nosotros. «Por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz».

Primero la agonía de la cruz, después el éxtasis del cielo. No había otro camino. El gozo puesto delante de Él tenía muchos niveles.

Era el gozo de la reunión con su Padre: «En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre» (Salmo 16:11).

Fue el gozo del triunfo sobre el pecado: «Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (Hebreos 1:3).

Era el gozo de los derechos divinos restaurados: «y (él) se sentó a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:2).

Era el gozo de estar rodeado con alabanzas del pueblo por quien murió: Habrá gozo en el cielo por cada pecador que se arrepiente, por no decir los millones que se arrepienten (Lucas 15:7).

¿Y qué de nosotros? ¿Ha entrado Él en el gozo y nos ha dejado en la miseria? No. Antes de morir, hizo la conexión entre su gozo y el nuestro. Dijo: «Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y que vuestro gozo sea completo» (Juan 15:11).

Sabía cuál sería su gozo, y dijo: «Mi gozo estará en vosotros». Nosotros que hemos confiado en Él nos regocijaremos del gozo de Jesús tanto como le es posible experimentarlo a las criaturas finitas.

Pero el camino será duro. Jesús nos advirtió: «En el mundo tendréis aflicción» (Juan 16:33). «El discípulo no es más que su maestro… Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?» (Mateo 10:24-25). «Y matarán a algunos de vosotros; y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre» (Lucas 21: 16-17). Ese es el camino que recorrió Jesús, y ese es el camino hacia el gozo, su gozo triunfante en nosotros, y nuestro gozo pleno.

Del mismo modo que la esperanza de gozo capacitó a Cristo para soportar la cruz, nuestra esperanza de gozo nos capacita para sufrir con Él. Jesús nos preparó para esto mismo cuando dijo: «Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos» (Mateo 5:11-12).

Nuestro premio será gozar a Dios con el verdadero gozo que el Hijo de Dios tiene en su Padre.

Si Jesús no hubiese muerto voluntariamente, ni Él ni nosotros podríamos alegrarnos jamás. Si hubiera sido desobediente, nosotros habríamos perecido en nuestros pecados. Su gozo y el nuestro fueron adquiridos en la cruz. Ahora lo seguimos en el camino del amor.

Nosotros consideramos «que los sufrimientos de este tiempo presente no pueden compararse con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse» (Romanos 8:18). Ahora soportamos reproches con Él. Pero entonces habrá un gozo sin merma.

Todo riesgo que requiera el amor lo soportaremos. No con heroico poder, sino en la fortaleza de la esperanza de que «por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría» (Salmo 30:5).

Extracto del libro “La Pasión de Jesucristo”

Por John Piper

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