Doctrina Bíblica – Cristo Murió Para Poner Fin al Sacerdocio del A.T. y Convertirse en el Sumo Sacerdote Eterno

 

Pasaje clave: Hebreos 7:23-27, Hebreos 9:24-26, Hebreos 10:11-12.

Una de las más grandes frases de la verdad cristiana es «una vez por todas». Viene de la palabra griega (ephapax) y quiere decir «una vez para siempre». Significa que algo sucedió que fue decisivo. El acto logró tanto que no es necesario que se repita jamás. Todo esfuerzo por repetirlo podría desacreditar el logro que tuvo lugar «una vez para siempre».

Era una sombría realidad que año tras año los sacerdotes de Israel tuvieran que ofrecer sacrificios de animales por sus propios pecados y por los pecados del pueblo. Yo no quiero decir que no hubiera perdón. Dios estableció estos sacrificios para el alivio de su pueblo. La gente pecaba y necesitaba un sustituto que sufriera su castigo. Fue por misericordia que Dios aceptó el ministerio de sacerdotes pecadores y animales sustitutos.

Pero había un lado oscuro en esto. Tenía que realizarse una y otra vez. La Biblia dice: «Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados» (Hebreos 10:3).

El pueblo sabía que cuando ellos ponían las manos sobre la cabeza de un toro para transferir sus pecados al animal, después tendría que hacerse otra vez. Ningún animal sería suficiente para sufrir por los pecados humanos. Los sacerdotes pecadores tenían que sacrificar por sus propios pecados. Los sacerdotes mortales tenían que ser reemplazados. Los toros y los machos cabríos no tenían vida moral y no podían llevar la culpa del hombre.

«La sangre de los toros y los machos cabríos no puede quitar los pecados» (Hebreos 10:4).

Pero había un ribete de plata en esta nube de insuficiencia sacerdotal. Si Dios honraba aquellas cosas inadecuadas, ello sería porque un día enviaría a un siervo calificado para completar lo que aquellos sacerdotes no podían realizar: erradicar el pecado una vez por todas.

Eso es lo que Cristo es. Jesús vino a ser el Sacerdote definitivo y el Sacrificio definitivo.

Inmaculado, no ofreció sacrificios por Él mismo.

Inmortal, nunca tiene que ser reemplazado.

Humano, podía llevar los pecados humanos. Por lo tanto, no ofreció sacrificios por sí mismo; se ofreció a sí mismo como el sacrificio definitivo. Nunca habrá necesidad de otro. Hay un mediador entre nosotros y Dios.

Un sacerdote. No necesitamos otro. Felices aquellos que se acercan a Dios solo a través de Cristo.

Extracto del libro  “La Pasión de Jesucristo”

Por John Piper

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