Doctrina Bíblica – Cristo Murió Para Que Podamos Pertenecer a Él

 

Pasaje clave: Romanos 7:4, 1º Corintios 6:19-20, Hechos 20:28.

 

Lo más importante no es quiénes somos, sino de quién somos. Por supuesto, muchas personas creen que no son esclavas de nadie. Sueñan con la independencia total. Como una medusa llevada por las olas se siente libre porque no tiene las ataduras que tiene una barnacla.

Pero Jesús tenía un mensaje para las personas que pensaban de esa manera. Dijo: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». Pero ellos respondieron: «Jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo es que dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado esclavo es del pecado» (Juan 8:32-34).

La Biblia no da categoría de real a los pecadores que se consideran con determinación propia. No existe autonomía en el mundo caído. Estamos gobernados por el pecado o gobernados por Dios.

«Sois esclavos de aquel a quien obedecéis… Cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. Mas ahora habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios» (Romanos 6:16, 20, 22).

La mayor parte del tiempo somos libres de hacer lo que deseamos. Pero no somos libres para desear lo que debemos. Para eso necesitamos un nuevo poder basado en una compra divina. El poder es de Dios. Por eso es que la Biblia dice: «Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón» (Romanos 6:17).

Dios es el único que puede concederles que se arrepientan para conocer la verdad y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él (2º Timoteo 2:25-26), y la compra que desata ese poder es la muerte de Cristo. «No sois vuestros, porque habéis sido comprados por precio (1º Corintios 6:19-20). ¿Y qué precio pagó Cristo por los que confían en Él? «Los ganó con su propia sangre» (Hechos 20:28).

Ahora sí somos libres. No para ser autónomos, sino para desear lo que es bueno. Un nuevo método de vida se abre ante nosotros cuando la muerte de Cristo llega a ser la muerte de nuestro viejo yo.

La relación con el Cristo vivo reemplaza las reglas. Y la libertad de producir frutos reemplaza la esclavitud de la ley. «Vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios» (Romanos 7:4).

Cristo sufrió y murió para que pudiéramos estar libres de la ley y el pecado, y pertenecer a Él. Aquí es donde la obediencia deja de ser una carga y se convierte en la libertad de llevar fruto. Recuerde, no nos pertenecemos. ¿De quién es usted? Si es de Cristo, acérquese entonces y sea de Él.

Extracto del libro  “La Pasión de Jesucristo”

Por John Piper

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