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Teología – John Piper CRISTO MURIÓ PARA QUE PUDIÉRAMOS MORIR AL PECADO

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Doctrina Bíblica – Cristo Murió Para Que Pudiéramos Morir al Pecado y Vivir a la Justicia

 

Pasaje clave: 1º Pedro 2:24.

Por extraño que parezca, la muerte de Cristo en nuestro lugar y por nuestros pecados significa que nosotros morimos. Podríamos pensar que teniendo un sustituto que muere en nuestro lugar, escapamos a la muerte. Y claro que escapamos a la muerte, la muerte eterna de miseria interminable y separación de Dios.

Jesús dijo: «Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás» (Juan 10:28). «Todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente» (Juan 11:26). La muerte de Jesús realmente significa que todo aquél que en él cree, no se pierde, sino que tiene vida eterna (Juan 3:16).

Pero hay otro sentido en el cual morimos precisamente porque Cristo murió en nuestro lugar y por nuestros pecados. «Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos…» (1º Pedro 2:24). Él murió para que pudiéramos vivir; y Él murió para que pudiéramos morir.

Cuando Cristo murió, yo, como creyente en Cristo, morí con él. La Biblia es bien clara: «Fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte» (Romanos 6:5). «Uno murió por todos, luego todos murieron» (2º Corintios 5:14).

La fe es la evidencia de estar unidos a Cristo de esta profunda manera.

Los creyentes han sido crucificados con Cristo (Gálatas 2:20).

Reflexionamos sobre su muerte y sabemos que, en la mente de Dios, estábamos allí. Nuestros pecados estaban sobre Él, y la muerte que merecíamos estaba ocurriendo en Él. El bautismo significa esa muerte con Cristo. «Fuimos sepultados… con él para muerte por el bautismo» (Romanos 6:4).

El agua es como una tumba. La inmersión simboliza la muerte. Salir del agua simboliza salir a una nueva vida. Y todo esto es una representación de lo que Dios está haciendo «por medio de la fe».

«Hemos sido sepultados con él en el bautismo, en el cual [fuimos] también resucitados con él mediante la fe en el poder de Dios» (Colosenses 2: 12).

El hecho de que morimos con Cristo está vinculado directamente a su muerte por nuestro pecado. «Él mismo llevó nuestros pecados» Esto quiere decir que cuando abrazamos a Jesús como Salvador, abrazamos nuestra propia muerte como pecadores. Nuestro pecado llevó a Jesús a la tumba y nos llevó a nosotros allí con Él.

La fe ve al pecado como un asesino. Mató a Jesús y nos mató a nosotros. Por tanto, hacerse cristiano significa morir al pecado. El viejo ser que amaba el pecado murió con Jesús. El pecado es como una prostituta que ya no luce hermosa. Es la asesina de mi Rey y de nosotros.

Por consiguiente, el creyente está muerto al pecado, nunca más dominado por sus atractivos. El pecado, la prostituta que mató a nuestro amigo, no tiene atractivo. Ella ha venido a ser una enemiga.

Nuestra nueva vida está ahora movida por la justicia. «Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros vivamos a la justicia» (1º Pedro 2:24). La hermosura de Cristo, quien me amó y se dio a sí mismo por mí, es el deseo de mi alma y su hermosura es perfecta justicia.

El mandamiento que ahora me encanta obedecer es éste (y yo te invito a seguirme). «Presentaos vosotros mismos a Dios corno vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia» (Romanos 6:13).

Extracto del libro  “La Pasión de Jesucristo”

Por John Piper

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