Doctrina Bíblica – Cristo Murió Para que Seamos Coronados con Gloria y Honor

 

Pasaje clave: Hebreos 2:9, Filipenses 2:8-9, Apocalipsis 5:12.

La noche antes de su muerte, sabiendo lo que venía, Jesús oró: «Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (Juan 17:5). Y así ocurrió: Fue «coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte» (Hebreos 2:9). Su gloria fue el premio de su padecimiento.

Fue «obediente hasta la muerte… por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo» (Filipenses 2:8-9). Precisamente porque fue inmolado, el Cordero es «digno de recibir la honra, la gloria y la alabanza » (Apocalipsis 5:12). La pasión de Jesucristo no simplemente precede a la corona: fue el precio, y la corona fue el premio. Murió para obtenerlo.

Muchas personas tropiezan con este punto. Dicen: «¿Cómo puede esto ser amor? ¿Cómo puede Jesús estar motivado para darnos gozo si lo que quiere es obtener su gloria? ¿Desde cuándo es la vanidad una virtud?». Esa es una buena pregunta, y tiene una maravillosa respuesta bíblica.

La respuesta descansa en aprender lo que es un gran amor. Muchos de nosotros hemos crecido pensando que ser amado significa que nos den mucha importancia. Nuestro mundo entero parece estar construido sobre esta suposición. Si yo te amo, te doy mucha importancia.

Yo te ayudo a sentirte bien acerca de ti mismo. Es como si un vistazo del yo fuese el secreto del gozo. Pero sabemos que hay algo mejor.

Aún antes de llegar a la Biblia, sabemos que no es así. Nuestros momentos de mayor felicidad no han sido momentos de saturación de uno mismo, sino momentos de olvidarse de uno mismo. Ha habido tiempos cuando nos parábamos junto al Gran Cañón, o a los pies del Monte Kilimanjaro, o contemplábamos una asombrosa puesta de sol en el Sahara, y por un fugaz momento sentíamos el gozo de una verdadera maravilla. Para esto hemos sido creados. El Paraíso no será una sala de espejos. Será una exposición de majestad. Y no será de nosotros.

Si esto es cierto, y si Cristo es la realidad más majestuosa del universo, ¿qué debe ser su amor por nosotros? Seguramente no darnos mucha importancia. Eso no satisfaría nuestras almas. Fuimos creados para algo mucho mayor. Si vamos a estar tan felices como podamos, debemos ver y percibir la más gloriosa persona de todas, Jesucristo mismo. Esto significa que para amarnos, Jesús debe buscar la plenitud de su gloria y ofrecérnosla para nuestro regocijo.

Es por eso que Él oró, la noche antes de su muerte: «Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria» (Juan 17:24). Eso era amor. «Yo les mostraré mi gloria». Cuando Jesús murió para reconquistar la plenitud de su gloria, murió por nuestro gozo. Amor es la tarea, a cualquier costo, de ayudar a las personas a estar cautivadas con lo que las satisfará más, es decir, Jesucristo. Así es como Jesús ama.

Extracto del libro “La Pasión de Jesucristo”

Por John Piper

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