Doctrina Bíblica – Cristo Murió Para Reconciliarnos con Dios

 

Pasaje clave: Romanos 5:10.

La reconciliación, que es necesario que ocurra entre el hombre pecador y Dios, tiene dos vías. Nuestra actitud hacia Dios debe cambiar de desafío a fe. Y la acritud de Dios hacia nosotros debe cambiar de ira a misericordia. Pero las dos no son iguales.

Yo necesito la ayuda de Dios para cambiar; pero Dios no necesita la mía. Mi cambio tendrá que venir desde afuera de mí, pero el cambio de Dios se origina en su propia naturaleza. Lo que significa, sobre todo, que no es un cambio de parte de Dios en lo absoluto. Es la propia acción de Dios planificada para dejar de estar contra mí y estar a mi favor.

Las palabras sumamente importantes son «siendo enemigos».

Fue entonces cuando «fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo» (Romanos 5:10). Mientras éramos enemigos. En otras palabras, el primer «cambio» fue de Dios, no de nosotros. Nosotros éramos aún enemigos. No que estábamos conscientemente en son de guerra. La mayoría de la gente no son hostiles contra Dios conscientemente.

La hostilidad se manifiesta más sutilmente en una quieta insubordinación e indiferencia. La Biblia lo describe así: «Los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden» (Romanos 8:7).

Mientras estábamos aún en esa condición, Dios puso a Cristo por delante para sobrellevar nuestros pecados nacidos de la ira y hace posible para él tratarnos sólo con misericordia. El primer acto de Dios al reconciliarnos con Él fue quitar el obstáculo que lo hacía irreconciliable, es decir, la culpabilidad por nuestro pecado tan ofensiva para Dios. «En Cristo Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados» (2º Corintios 5:19).

Cuando los embajadores de Cristo llevan este mensaje al mundo, dicen: «Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios» (2º Corintios 5:20). ¿Quieren solamente decir: Cambien de actitud respecto de Dios? No, también quieren decir: Reciban el previo trabajo de Dios en Cristo para reconciliarse Él con ustedes.

Considérese esta analogía de reconciliación entre los hombres.

Jesús dijo: «Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda» (Mateo 5:23-24). Cuando dice, «Ve, reconcíliate con tu hermano», nótese que es el hermano quien debe cancelar su juicio. El hermano es quien «tiene algo contra ti», como Dios tiene algo contra nosotros. «Reconcíliate con tu hermano» quiere decir haz lo que debes para que el juicio de tu hermano contra ti sea cancelado.

Pero cuando oímos el evangelio de Cristo, encontramos que Dios ha hecho eso ya: El Señor dio los pasos que nosotros no podemos dar para cancelar el castigo divino. Envió a Cristo para sufrir en nuestro lugar. La decisiva reconciliación tuvo lugar «mientras éramos enemigos».

La reconciliación de nuestra parte es simplemente recibir lo que Dios ya ha hecho, de la misma manera en que se recibe un regalo infinitamente valioso.

Extracto del libro  “La Pasión de Jesucristo”

Por John Piper

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