Doctrina Bíblica – Para Rescatarnos del Juicio Final

 

Pasaje clave: Hebreos 9:28.

 

El concepto cristiano de la salvación abarca pasado, presente y futuro. La Biblia dice: «Por gracia sois salvos por medio de la fe» (Efesios 2:8). Dice que el evangelio es el poder de Dios para nosotros que hemos sido salvos (1º Corintios 1:18). Y dice: «Ahora está más cerca de nosotros la salvación que cuando creímos» (Romanos 13:11).

Hemos sido salvos. Estamos siendo salvados. Seremos salvos. En cada etapa somos salvos por la muerte de Cristo.

En el pasado, Cristo mismo pagó una vez por todas por nuestros pecados. Fuimos justificados por fe solamente.

En el presente, la muerte de Cristo asegura el poder del Espíritu de Dios para salvarnos progresivamente del dominio y la contaminación del pecado.

Y en el futuro, será la sangre de Cristo, derramada en la cruz, la que nos proteja de la ira de Dios y nos brinde protección y gozo.

Hay un juicio real que viene. La Biblia describe «una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios» (Hebreos 10:27). Esto nos llama a vivir «con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor» (Hebreos 12:28-29).

Jesús advirtió al pueblo de su tiempo que huyeran de la ira venidera (Mateo 3:7). Porque Jesús mismo se manifestará «desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder» (2º Tesalonicenses 1:7-9).

Algunos cuadros de esta ira final de Dios son casi demasiado terribles para considerarlos. Irónicamente, es Juan, el «apóstol del amor», quien nos da la más grafica visión del infierno. El que rechaza a Cristo y da su adhesión a otro «beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira… y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tiene reposo de día ni de noche» (Apocalipsis 14:10-11).

Hasta que sintamos alguna medida de temor acerca de la ira futura de Dios, probablemente no captaremos la dulzura con la cual la iglesia primitiva interpretó la tarea redentora de Cristo en el futuro.

«Esperarnos de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1º Tesalonicenses 1:10).

Jesucristo, y Él solamente, puede salvarnos de la ira venidera. Sin Él, seríamos barridos para siempre.

Pero cuando Él nos salve al final, será sobre la base de su sangre.

«Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan» (Hebreos 9:28). El problema del pecado quedó resuelto de una vez por todas. No es necesario ningún nuevo sacrificio.

Nuestro escudo de la ira futura es tan seguro como el sufrimiento de Cristo en nuestro lugar. Por amor a la cruz, entonces, regocíjate en la futura gracia.

Extracto del libro “La Pasión de Jesucristo”

Por John Piper

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