La Doctrina de la Biblia – La Autoridad de las Escrituras 5

 

Continuemos.

5. Objeción: Esto es un Argumento Circular.

Alguien podría objetar que decir que la Biblia demuestra por sí misma que es la Palabra de Dios es usar un argumen­to circular: creemos que la Biblia es la Palabra de Dios porque ella misma afirma serlo; y creemos sus afirmaciones porque es la Palabra de Dios; y creemos que es la Palabra de Dios porque afirma serlo, y así por el estilo.

Hay que reconocer que este es una especie de argumento circular. Sin embar­go, eso no invalida su uso, porque todos los argumentos a favor de una autoridad absoluta deben en última instancia apelar a esa autoridad como prueba; de otra manera su autoridad no sería absoluta ni sería la autoridad más alta.

Este problema no es exclusivo del creyente que afirma la autoridad de la Biblia. Todos, bien sea implícita o explícitamente, usan algún tipo de argumento circular al defender su autoridad suprema en cuestiones de fe.

Aunque estos argumentos circulares no siempre se hacen explícitamente y a veces se ocultan detrás de prolongados debates, o simplemente se dan por sentado sin prueba, los argumentos a favor de una autoridad suprema en su forma más bá­sica hacen una apelación circular semejante a la autoridad en sí misma, como muestran los siguientes ejemplos:

  • «Mi razón es mi suprema autoridad porque me parece razonable que sea así».
  • «La congruencia lógica es mi autoridad suprema porque es lógico que lo sea».
  • «Lo que descubren las experiencias sensoriales humanas son la autoridad suprema para descubrir lo que es real y lo que no lo es, porque nuestros sentidos humanos ja­más han descubierto ninguna otra cosa; así que la experiencia sensorial humana me dice que mi principio es verdad».
  • «Sé que no puede haber una autoridad suprema porque no sé de ninguna autoridad suprema que lo sea».

En todos estos argumentos por una norma suprema de verdad, una autoridad absoluta para lo que se cree, interviene un elemento circular.

¿Cómo escoge el creyente, o cualquier otra persona, entre las varias afirmacio­nes de autoridad absoluta?

Al fin y al cabo la veracidad de la Biblia se recomienda a si misma como mucho más persuasiva que otros libros religiosos (tales como el Li­bro de Mormón o el Corán), o que cualquier otra construcción intelectual de la men­te humana (tal como la lógica, la razón humana, la experiencia sensorial, la metodología científica, etc.).

Será más persuasiva porque en la experiencia real de la vida todos los otros candidatos a autoridad suprema parecen incongruentes o tienen limitaciones que los descalifican, en tanto que se ve que la Biblia está en pleno acuerdo con todo lo que sabemos respecto al mundo que nos rodea, nosotros mismos y Dios.

La Biblia sería persuasiva en esta manera: si pensamos como es debido en cuan­to a la naturaleza de la realidad, nuestra percepción de ella y de nosotros mismos, y nuestra percepción de Dios.

El problema es que debido al pecado, nuestra percep­ción y análisis de Dios y la creación es defectuosa. El pecado en última instancia es irracional, y el pecado nos hace pensar incorrectamente en cuanto a Dios y en cuanto a la creación. Por consiguiente, en un mundo libre de pecado la Biblia con­vencería a todos de que es la Palabra de Dios: pero debido a que el pecado distor­siona la percepción que las personas tienen de la realidad, no reconocen a la Biblia por lo que es en realidad. Por consiguiente, se requiere de la obra del Espíritu San­to, que este supere los efectos del pecado y nos permita persuadirnos de que la Biblia en verdad es la Palabra de Dios, y que lo que afirma respecto a sí misma es verdad.

Así que en otro sentido, el argumento en cuanto a la Biblia como Palabra de Dios y como nuestra autoridad suprema no es un argumento circular típico.

El proceso de persuasión tal vez es mejor verlo como una espiral, en la cual el conoci­miento creciente de la Biblia y una creciente comprensión correcta de Dios y la creación tienden a suplementarse una a otra de una manera armoniosa, y cada una tiende a confirmar la exactitud de la otra. Esto no es decir que nuestro conocimien­to del mundo que nos rodea es una autoridad más alta que la Biblia, sino más bien que tal conocimiento, si es un conocimiento correcto, continúa dando una seguri­dad cada vez mayor y una convicción más profunda de que la Biblia es la única ver­dadera autoridad suprema, y que todas las demás afirmaciones que compiten por la autoridad suprema son falsas.

 

6. Esto no Implica que el Dictado de Dios haya sido el Único Medio de Comuni­cación.

Toda la parte previa de este capítulo ha sostenido que todas las palabras de la Biblia son palabras de Dios. En este punto es necesaria una palabra de precau­ción. El hecho de que todas las palabras de la Biblia sean palabras de Dios no debe llevarnos a pensar que Dios dictó a los autores humanos todas las palabras de las Escrituras.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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