La Doctrina de la Biblia – La Autoridad de las Escrituras 8

 

Continuemos.

Jesús pue­de hablar de la naturaleza eterna de sus propias palabras: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán» Mt 24:35). Lo que Dios habla se coloca en marcado contraste con todo lo que dicen los humanos, porque «Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer» (Nm.23:19).

Estos versículos afir­man explícitamente lo que estaba implícito en el requisito de que creamos todas las palabras de la Biblia, es decir, que no hay falsedad en ninguna de las afirmacio­nes de la Biblia.

 

3. Las Palabras de Dios son la Norma Última de Verdad.

En Juan 17 Jesús ora al Padre: «Santifícalos en la verdad: tu palabra es la verdad» (Jn.17:17). Este versículo es interesante porque Jesús no usa los adjetivos aletzinos o aletzes («verdadero») que uno esperaría, para decir «tu palabra es verdadera»; sino que más bien usa un sustantivo: aletzeia («verdad») para decir que la palabra de Dios no es simplemente «verdadera» sino que es la verdad misma.

La diferencia es significativa, porque esta afirmación nos anima a pensar no solo que la Biblia es «verdadera» en el sentido de que se ajusta a alguna norma más alta de verdad, sino más bien a pensar que la Biblia en si misma es la norma definiti­va de la verdad. La Biblia es la Palabra de Dios, y la Palabra de Dios es la definición suprema de lo que es verdadero y lo que no es verdadero: la palabra de Dios en sí misma es verdad.

Así que debemos pensar que la Biblia es la suprema norma de verdad, el punto de referencia por el cual se debe medir toda otra afirmación de veracidad. Las afirmaciones que se ajustan a las Escrituras son «verdaderas», en tanto que las que no se ajustan a la Biblia no son verdaderas.

¿Qué es, entonces, verdad? Verdad es lo que Dios dice, y tenemos lo que Dios dice (exacta pero no exhaustivamente) en la Biblia.

 

4. ¿Podría Alguna vez algún Nuevo Hecho Contradecir la Biblia?

¿Se descubrirá alguna vez algún nuevo hecho científico o histórico que contradiga a la Biblia? Aquí podemos decir con confianza que eso nunca sucederá; es más, es imposible. Si se descubriera algún supuesto «hecho» que se diga que contradice a la Biblia, en­tonces (si hemos entendido correctamente la Biblia) ese «hecho» debe ser falso, porque Dios, el autor de las Escrituras, conoce todos los hechos verdaderos (pasados, presentes y futuros).

Ningún hecho aparecerá jamás que Dios no haya sabido desde antes de la creación y tomado en cuenta cuando hizo que se escribieran las Escrituras. Todo hecho verdadero es algo que Dios ha conocido ya desde la eterni­dad y algo que por consiguiente no puede contradecir lo que Dios dice en la Biblia.

No obstante, se debe recordar que el estudio científico o histórico (tanto como otras clases de estudios de la creación) puede llevamos a volver a examinar la Bi­blia para ver si en realidad enseña lo que se pensaba que enseña.

La Biblia por cier­to no enseña que la tierra fue creada en el año 4004 A.C, como una vez se pensaba (porque las listas genealógicas de la Biblia tienen lagunas). Sin embargo, fue en parte el estudio histórico, arqueológico, astronómico y geológico lo que hizo que los cristianos volvieran a examinar la Biblia para ver si en realidad enseñaba un ori­gen tan reciente de la tierra. El análisis cuidadoso del texto bíblico mostró que en realidad no enseña eso.

De forma similar, la Biblia no enseña que el sol gira alrededor de la tierra, por­que sólo usa descripciones de los fenómenos según los vemos a simple vista y no pretende describir el teje y maneje del universo desde algún punto arbitrario «fijo» en algún lugar del espacio. Sin embargo, antes de que el estudio de astronomía avanzara lo suficiente como para demostrar la rotación de la tierra sobre su eje, la gente daba por sentado que la Biblia enseñaba que el sol giraba alrededor de la tierra. Después, el estudio de la información científica motivó a un nuevo examen de los apropiados textos bíblicos.

Así que siempre que nos veamos frente a algo que se diga que contradice a la Biblia, debemos no sólo examinar la información que se aduce que demuestra el hecho en cuestión, sino también debemos volver a examinar los textos bíblicos apropiados para ver si la Biblia de veras enseña lo que se creía que enseñaba.

Nunca debemos temer, sino más bien siempre recibir con beneplácito cualquier nuevo hecho que se pueda descubrir en cualquier ámbito legítimo de investi­gación o estudio humanos. Por ejemplo, los descubrimientos de los arqueólogos que trabajaban en Siria han sacado a la luz las tablas Ebla. Estos registros extensos escritos del período alrededor de 2000 a.C. a la larga arrojarán gran luz sobre nues­tra comprensión del mundo de los patriarcas y los hechos conectados con la vida de Abraham, Isaac y Jacob.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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