La Doctrina de la Creación – La Creación 2

 

Continuemos.

Romanos 4:17 también implica que Dios creó de la nada, aunque no lo diga exactamente. El texto griego literalmente dice que Dios «llama las cosas que no son como si ya existieran». La traducción de la RSV en inglés, «llama a existencia a las cosas que no existen» (y de modo similar la NASB) es nada usual pero posible gramáticamente, y hace una afirmación explícita de la creación de la nada. Sin em­bargo, aun si traducimos para que la palabra griega “jos” tome el sentido común de «como», el versículo dice que Dios «llama a las cosas que no existen como si existie­ran» (NASB). Pero si Dios le habla o llama algo que no existe, y si en efecto existe, ¿qué es lo que se implica? Si él llama cosas que no existen como si existieran, debe querer decir que existirán pronto, irresistiblemente llamadas a existir.

Debido a que Dios creó el universo entero de la nada, no hay nada en el univer­so que sea eterno. Todo lo que vemos (montañas, océanos, estrellas, la tierra mis­ma) llegó a existir cuando Dios lo creó. Hubo un tiempo cuando no existía de acuerdo al Sal 90:2.

Esto nos recuerda que Dios gobierna sobre todo el universo, y que a nada en la creación se debe adorar en lugar de Dios o además de él. Sin embargo, si fuéramos a negar la creación a partir de la nada tendríamos que decir que algo de la materia siempre ha existido y que es eterno como Dios. Esta idea pondría en tela de duda la independencia de Dios, su soberanía y el hecho de que sólo a él se le debe adora­ción; si había materia aparte de Dios, ¿qué derecho inherente tenía Dios de gober­narla y usarla para su gloria? Y ¿qué confianza podríamos tener de que todo aspecto del universo a la larga cumplirá los propósitos de Dios, si hubo alguna par­te del mismo que él no creo?

El lado positivo del hecho de que Dios creó de la nada el universo es que el uni­verso tiene significado y propósito. Dios, en su sabiduría, lo creó para algo. Debe­mos tratar de entender ese propósito y usar la creación de maneras que encajen en ese propósito, es decir, dar gloria a Dios. Es más, siempre que la creación nos da gozo (1 Ti.6:17), debemos dar gracias a Dios que la hizo.

 

2. La Creación del Universo Espiritual.

Esta creación del universo entero incluye la creación del ámbito invisible espiritual de la existencia: Dios creó los ángeles y otras clases de seres celestiales al igual que los animales y el hombre. También creó los cielos como un lugar en donde su presencia es evidente en forma especial. La creación del ámbito espiritual se implica ciertamente en todos los versículos men­cionados arriba que hablan de que Dios creó no sólo la tierra sino también «los cie­los y todo lo que hay en ellos» (Ap.10:6; Hch.4:24), sino también que se afirma explícitamente en varios otros versículos. La oración de Esdras lo dice muy clara­mente en Neh.9:6. Los «ejércitos del cielo» en este versículo parece referirse a los ángeles y otras criaturas celestiales, puesto que Esdras dice que participan en la actividad de adorar a Dios (el mismo término ejércitos se usa para hablar de los ángeles que adoran a Dios en Sal 103:21 y 148:2).

En el Nuevo Testamento, Pablo especifica que en Cristo «fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, princi­pados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él» (Col 1:16; cf. Sal 148:2-5). Aquí también se afirma explícitamente la creación de los seres celes­tiales invisibles.

 

3. La Creación Directa de Adán y Eva.

La Biblia también enseña que Dios creó a Adán y a Eva de una manera especial y personal. «Y Dios el SEÑOR formó al hom­bre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convir­tió en un ser viviente» (Gn.2:7). Después de eso, Dios creó a Eva del cuerpo de Adán: «Entonces Dios el SEÑOR hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras éste dormía, le sacó una costilla y le cerró la herida. De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el SEÑOR hizo una mujer y se la presentó al hom­bre» (Gn.2:21-22). Evidentemente Dios le hizo saber algo de lo que había sucedido, porque Adán dijo: «Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará «mujer» porque del hombre fue sacada» (Gn.2:23).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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