La Doctrina de la Creación – La Creación: La Edad de la Tierra 11

 

Continuemos.

Cuando la narra­ción procede de los aspectos menos complejos de la creación (luz y oscuridad, agua, firmamento y tierra seca) a los aspectos más complejos (peces y aves, anima­les y el hombre), progresivamente construimos una secuencia ordenada de acon­tecimientos que son completamente comprensibles cronológicamente. Cuando una secuencia de números (1-2-3-4-5-6) se asigna a un conjunto de días que corres­ponden exactamente a la semana ordinaria que experimentan los seres humanos (día 1, día 2, día 3, día 4, día 5, día 6, día 7, con descanso en el día 7), la implicación de secuencia cronológica en la narración es casi ineludible. La secuencia de días pa­rece más claramente ser la intención que un marco de trabajo literario que en nin­guna parte se hace explícito en el texto, y en el que simplemente muchos detalles no encajan.

Como Derek Kidner observa: La marcha de días es un progreso demasiado majestuoso para no llevar ninguna im­plicación de secuencia ordenada; también parece demasiado sutil adoptar una no­ción del pasaje que no toma en cuenta una de las impresiones primarias que hace en el lector ordinario. Es un relato, no sólo una afirmación.

Una secuencia de días también se implica en el mandamiento de Dios a los seres humanos para que imiten su patrón de trabajo más descanso en Ex.20:8-11. Pero si Dios no creó la tierra trabajando durante seis días y descansando en el séptimo, el mandamiento de imitarle sería desorien­tador y no tendría sentido.

En conclusión, si bien el concepto del «marco de trabajo» no niega la veracidad de la Biblia, adopta una interpretación de la Biblia que, bajo examen más cuidado­so, parece ser muy improbable.

 

B. Teorías de la «Tierra Joven» en Cuanto a la Creación.

Otro grupo de intérpretes evangélicos rechazan los sistemas de fechado que al presente le dan a la tierra una edad de millones de años, y arguyen más bien que la tierra es relativamente joven, que tal vez tiene de 10.000 a 20.000 años. Los que proponen la tierra joven han pro­ducido una serie de argumentos científicos a favor de una reciente creación de la tierra. Los que sostienen la idea de una tierra joven por lo general defienden una o más de las siguientes posiciones:

a. Creación con una Apariencia de vejez (Creacionismo Maduro).

Muchos que sostienen la idea de una tierra joven señalan que la creación origi­nal debe haber tenido una «apariencia de vejez» incluso desde el primer día. (Otra expresión que usan es «creacionismo maduro», puesto que afirma que Dios creó una creación madura). La apariencia de Adán y Eva como adultos plenamente crecidos es un ejemplo obvio. Parecían haber vivido tal vez veinte o veinticinco años, como si hubieran crecido desde la infancia como los seres humanos normalmente crecen, pero en verdad tenían menos de un día de edad. De modo similar, proba­blemente vieron las estrellas la primera noche en que vivieron, pero la luz de la mayoría de las estrellas hubiera llevado miles o incluso millones de años para lle­gar a la tierra. Esto sugiere que Dios creó las estrellas con rayos de luz ya en su lu­gar; y los árboles plenamente crecidos probablemente ya tenían sus anillos (Adán y Eva no habrían tenido que esperar años antes de que Dios les dijera de cuáles árbo­les del huerto podían comer y de cuáles no, ni habrían tenido que esperar semanas o meses antes de que las plantas comestibles crecieran lo suficiente para proveerles alimento).

Siguiendo esta línea de razonamiento, ¿podríamos avanzar más y supo­ner que muchas formaciones geológicas, cuando fueron creadas originalmente, te­nían una apariencia similar a formaciones que ahora tomarían miles o incluso millones de años para completarse por los presentes procesos «lentos»?

Esta sugerencia tiene al presente muchos que la sostienen, y, por lo menos inicialmente, parece ser una propuesta atractiva. Los que sostienen esta posición a menudo la combinan con ciertas objeciones a los procesos científicos de fechado actual. Cuestionan cómo podemos estar seguros de la confiabilidad del fechado ra­diométrico más allá de unos pocos miles de años, por ejemplo, y cómo los científi­cos pueden saber que el ritmo de decadencia de ciertos elementos ha sido constante desde la creación.

También sugieren que acontecimientos tales como la caída y la subsecuente maldición de la naturaleza (que alteró la productividad y ba­lance ecológico de la tierra, que hizo que el hombre mismo empezara a envejecer y a decaer, Gn.3:17-19), o el diluvio en tiempo de Noé (Gn.6—9), pueden haber producido diferencias significativas en la cantidad de material radioactivo en las cosas vivas. Esto significaría que los cálculos de la edad de la tierra usando los mé­todos presentes no serían exactos.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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